Este cuento fue posteado por primera vez allá por enero de este año, pero puesto que hoy se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de D10S, lo comparto de nuevo con ustedes.
¡Feliz Navidad Maradoniana para todos!
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Ambos están nerviosos. Hace nueve meses que enviaron la carta a París y aún no han obtenido respuesta. La semilla fue plantada también, y el repollo ya está grande y redondo en una macetita a un costado de la puerta de entrada. Cada vez que alguién se acerca a la puerta se les detiene el corazón, pero nunca es la visita tan esperada. Ambos tratan de relajarse. Escuchan las noticias en su vieja radio, pero nada interesante sucedió en esta cálida mañana de fines de Octubre. Ella prepara unos mates, dulces para ella, amargos para él. El reloj dice que son las 6:30 de la mañana.
Toc. Toc. Toc. Ambos se agarran de las manos. Debe ser ella, quien más puede ir a visitarlos a estas horas. Se levantan juntos, ella apreta las manos de él y las oprime sobre su corazón. Se acercan lentamente a la puerta y preguntan quien es. Nadie responde. Él abre y echa un vistazo afuera. Es una hemosa mañana de primavera, el sol aún no brilla con fuerza, y eso le hace pensar que va a ser una tarde calurosa. Entonces nota como algo pasa por encima de ellos, levanta la vista y ve a un gran ave blanca alejándose. La cigüeña, desea él con todas sus fuerzas. Es el llamado de ella lo que lo hace volver la vista hacia su mujer, y de ahí al objeto que ella señala.
Donde antes estaba la macetita con el repollo, ahora hay una pelota de fútbol Nº 5, envuelta en una mantita blanca. Sobre ella hay una nota, escrita con pluma y con perfecta caligrafía. Les cuesta un poco leerla (ninguno terminó la escuela), pero los dos entienden a la perfección quien la firma: la Cigüeña. Cuando ella se agacha para levantar la pelota, ésta empieza sacudirse, y unas hermosas manitas regordetas empienzan a rasgar el cuero desde dentro. Ella lo ayuda a romper la pelota, y cuando finalmente está liberado, el bebé lanza su primer sollozo. Su madre lo levanta en brazos y empieza a darle besitos en toda la cara, la pancita, las piernitas. El bebé llora, la madre llora, el padre llora, pero son lágrimas de alegría.
- Mirá que preciosura, viejo. Lo vamos a llamar Diego, como vos.
Los dos (no, ahora es “los tres”) entran juntos a su humilde vivienda de Villa Fiorito. El almanaque dice que estamos a 30 de octubre de 1.960. El reloj marca las 6:40 de la mañana. La historia va a decir que hoy nació D10S.








