El chat, internet, los celulares: la tecnología esclavizadora
Me acuerdo que hace unos años me dio por chatear. Lo hice una vez y se volvió una adicción. Me volví esclavo del chat. Pero tiempo después (meses, tal vez un año) lo dejé y no volví a chatear nunca más. Lo que buscaba en el chat lo encontré, pero no tuve la necesidad de seguir buscando otras cosas; con lo que encontré me bastaba. Y me quedaron buenos recuerdos de esas épocas, lindas amistades, pero ya no me llama hacerlo otra vez. Pero pienso en esos que no lo largaron más. Que se quedaron atrapados en esos encuentros casuales y pasajeros (si no pajeros), jugando muchas veces a ser lo que no se es, buscando quien sabe qué en la persona del otro lado de la pantalla, persona que la mayoría de las veces (si no todas) no pasa de ser sólo letritas en una ventanita del monitor. Y me pregunto, ¿habrá estado Daniel Agostini chateando cuando escribió “La ventanita”? Desde que me dejaste… la ventanita del amor se me cerró…










