Los esclavizadores de hoy (Última Parte)

Del placer al fanatismo

Hace unos meses fui a ver a un bar un partido de Belgrano. Jugó contra Velez ese día y perdió 2 a 0. Que calentura que tenía. Tanto me amargué que incluso vino una mina y se sentó en mi mesa y empezó a hacerme ojitos, morderse los labios, pasar la lengua por el helado intentando conseguir no se qué de mí, porque en ese momento sólo tenía ojos para el partido y ni tronco de bola le di. Incluso no noté cuando se levantó y se fue. Y sin embargo, a pesar de tanta amargura y calentura, al domingo siguiente estaba de nuevo en el mismo bar, porque pasaban Belgrano – River. Y como me amargué con el gol de River (por cierto, penal que no vio nadie) y como grité el empate de Belgrano. Ese día volví contentísimo a casa. ¿Volví a ir alguna vez más a ese bar? Sí, en la victoria de Belgrano sobre Boca. Y nunca más. Sunpongo que ya adivinaron de quien soy hincha, ¿no? ¡De Belgrano, papá! Soy fanático de Belgrano. A mí no me causa placer ver partidos de fútbol, me causa placer y alegrías ver ganar a Belgrano y me causa mucha bronca y amargura verlo perder. Y digo verlo ganar, porque verlo jugar… Es cierto, la “B” no juega a nada, probablemente sea mucho más interesante un partido de otro equipo, pero a mí no me interesa para nada verlo.

Lo mismo me pasa con la música. Como disfruto de escuchar un buen rocanrrol, y como me pone de mal humor, e incluso violento en ocasiones, la cumbia, los románticos… la música clásica. Probablemente Mozart haya sido infinítamente mejor músico que Kurt Cobain, pero para mí Kurdt es un ídolo y Mozart no existe.
Y con mis comics igual. No tengo algo así como 1.000 revistas de Spiderman porque me gusta nomás. No, soy fanático de Spidey, y aunque pueda disfrutar de una revista de los X-Men, no pongan delante mio uan de Superman porque la prendo fuego. Y acá sí, nadie va a convencerme de que el super hombre sea mejor que Peter Parker.
¿A qué voy con todo esto? A que soy esclavo de mis fanatismos. Y por ser esclavo de ellos no disfruto ni del fútbol, ni de la música ni de los comics, salvo de lo que nombré. O sea, tres esclavizadores más en mi vida, tres grados de libertad menos que la simplifican.
Pero por suerte no soy extremista como muchos de los esclavos que tienen sobre todo los dos primeros esclavizadores: el fútbol y la música. El fútbol prinncipalmente.
Dicen que el fútbol es violento. Salvo casos como Pernía, Giunta o Krupoviesa, el fútbol no es violento. Y la gente que disfruta del fútbol tampoco lo es. Los que son violentos son los fanáticos de su equipo, los esclavos extremos del fanatismo, que no quieren controlar su bronca y amargura y causan los desmanes que tanto mal le hace al juego.
Y con la música igual. Incluso yo he llegado a putear a algunos sólo porque no me gustaba la música que estaban escucahndo, pero que no se vayan a cruzar un grupito que viene de ver a la Mona en el Estadio del Centro con otro que estuvo escuchando la Banda XXI en el Superdeportivo porque se matan. Ni hablar si unos jevachos se cruzan con unos punkies porque se sacan los ojos. Y todo por qué, porque no te gusta la música que escucha el otro.

Consideraciones finales sobre los esclavizadores

Bueno, hasta aca va todo esto. Es cierto que quizás hay mucho para hablar sobre el tema, pero es cierto también que no soy la persona adecuada para hacerlo. Incluso ya hablé de más me parece. Pero antes me gustaría aclarar algunas cosas.
Lo primero que quiero dejar en claro es porque usé la palabra “esclavizador” y no “esclavista”. Fué para diferenciar claramente que no son la misma cosa. Según la Real Academia Española (R.A.E.):

Esclavista: 1. adj. Partidario de la esclavitud. U. t. c. s.

Esclavitud: 1. f. Estado de esclavo. 2. f. Sujeción rigurosa y fuerte a las pasiones y afectos del alma. 3. f. Sujeción excesiva por la cual se ve sometida una persona a otra, o a un trabajo u obligación. 4. f. Hermandad o congregación en que se alistan y concurren varias personas a ejercitarse en ciertos actos de devoción.

Esclavizar: 1. tr. Hacer esclavo a alguien, reducirlo a esclavitud. 2. tr. Tener a alguien muy sujeto e intensamente ocupado.

Esclavo: 1. adj. Dicho de una persona: Que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra. U. t. c. s. 2. adj. Sometido rigurosa o fuertemente a un deber, pasión, afecto, vicio, etc., que priva de libertad. Hombre esclavo de su palabra, de la ambición, de la amistad, de la envidia. U. t. c. s. 3. adj. Rendido, obediente, enamorado. U. t. c. s. 4. m. y f. Persona alistada en alguna cofradía de esclavitud.

Por lo que puedo deducir de estas definiciones, un esclavista es el tipo que, o tiene esclavos, o comercia con ellos. Pero este dominio que posee sobre sus esclavos no es deseado por estos. Eso es lo que lo diferencia de un esclavizador. Los esclavos de los esclavizadores ( Claudio clavó un clavito, ¿cuantos clavos clavó Claudito?) desean de alguna manera esta esclavitud, no es un estado forzado por otros, sino por ellos mismos. Nadie les impuso esa esclavitud, nadie los obligó a someterse, a privarse de ese grado de libertad. Y allí radica la diferencia entre uno y otro.
La segunda aclaración que merece el tema es la diferencia con las adicciones. Volviendo a tomar la R.A.E. como fuente,

Adicción: 1. f. Hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos. 2. f. desus. Asignación, entrega, adhesión.

En la definicion la diferencia se ve con claridad. Un adicto es la persona que se deja dominar por la fuente de su adicción, y, por ser dominado, no tiene control sobre sus actos. En cambio, el esclavizador no domina a su esclavo, éste tiene el poder sobre sí mismo y es quien retiene al esclavizador. El esclavo no se libera de su esclavizador porque no quiere, no porque no pueda. Haber si lo puedo expresar un poco más claramente. Si lo tomamos como una relación dominante – dominado, en el caso de las adicciónes sería adicción – adicto, en cambio, con los esclavizadores la relación es esclavo – esclavizador.

Poio – RdlS – Nqn
Septiembre – Diciembre de 2006

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Published in: on 27 diciembre 2006 at 17:07  Dejar un comentario  

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