Uno que trae cola (4ta Parte)

Bueno, acá va la cuarta parte del cuento que estaba escribiendo, para esos dos o tres que lo estaban siguiendo y me pedían la continuación. Es el clásico capítulo de relleno antes del desenlace, que lo postearé en unos días. Para el que no lo leyó todavía, pueden encontrar las partes anteriores en los siguientes links.

Uno que trae cola (1ra Parte)
Uno que trae cola (2da Parte)
Uno que trae cola (3ra Parte)

IV

“El eclipse no fue parcial y cegó nuestras miradas.
Te ví que llorabas por él.”

Té para tres – Soda Stereo

Migue trajo para hacer sanguches. Mortadela y queso para nosotros, atún y tomate para Lorena. Odio que él conozca tan bien sus gustos. Y es lógico, fueron pareja durante dos años, y desde entonces siempre siguieron juntos, como amigos, socios… y cómplices. Porque por alguna razón siento que los dos estan juntos en esto, y que es Migue el que llevó a Lorena a hacer lo que al final hizo. Ahora él está acá, para “salvar las papas” como dijo cuando llegó, pero seguro que nunca contó con mi precencia. Planeó una partida para dos jugadores y ahora hay tres personas en la mesa de juegos. No se hasta que punto le estoy arruinando sus planes, pero seguro que le causo tantas molestias como él me las causa a mí. Y la razón principal es Lorena. Siempre fue Lorena.
Mejor sigo con la historia.

Al día siguiente la apatía volvió, pero por parte de ambos, como si lo sucedido la noche anterior fuese sólo un hermoso (y a la vez aterrador) sueño compartido por ambos. Cuando desperté, Lorena todavía dormía con su cabeza apoyada en mi hombro. Me quedé mirándola un rato largo, recordando lo que había pasado la noche anterior, y convenciéndome de que todo fue real. Tuve el deseo de despertarla con un beso, como si ella fuese la Bella Durmiente y yo su Príncipe Azul, pero me contuve de hacerlo. Tenía el hombro dolorido, e intenté zafarlo de debajo de ella sin despertarla, pero no lo logré. Abrió los ojos y me miró fijamente. Sonreía. “Hola”, me dijo, y se estiró hacia mí, pero no me besó como esperaba, sino que pasó por encima mio y tomó su blusa que estaba del otro lado de la cama. Se sentó dándome la espalda y se vistió, y noté cierto pudor en ella al hacerlo. No me dijo más nada ni yo intenté tampoco iniciar una conversación, así que la dejé que se sumiera de nuevo en su silencio. Tenía muchas cosas que ordenar en su cabeza.

Después de ducharme salí a comprar algo para desayunar y aproveche para comprar el diario del día. Nada decía sobre el incendio de la noche anterior. Supuse que se debía a que no había llegado a salir en la edición de ese día, incluso que debido a que fue en una población pequeña el diario local no se molestó en cubrir la noticia, pero después de ver televisión y noticieros durante toda la tarde y ver que nada se decía sobre el asunto, me empecé a preocupar.

Le comenté a Lorena esto, pero me dijo que no me preocupara, aludiendo las mismas supocisiones que había hecho yo. Pero después agregó, en un tono más bajo, casi en un susurro: “O tal vez Carlitos hizo callar a todos.” La miré seriamente, no sólo preocupado sino también algo asustado, pero ella se rio y me dijo: “Apagá eso y vení acostate acá con migo”. No tuvo que insistirme.

No llegamos a hacer algo. Veinte minutos después alguien empezó a llamar a la puerta con fuertes golpes.

-Lore, abrí, soy yo.
-¿Migue? Sos vos, Migue.
-Ajá. Estoy acá, vine a salvar las papas.
-Dame un minuto. -Y dirigiéndose a mí, casi suplicandome: Por favor, vestite. Que no nos vea así.
-¿Quién es? -le pregunté.
-Un viejo amigo. Por favor, vestite. Después te explico.

Me puse nuevamente la camisa y las zapatillas, y cuando Lorena me vio vestido por completo, abrió la puerta. El tipo al otro lado (Migue) comenzaba a impacientarse, pero apenas Lorena abrió la puerta, entró de un salto y la abrazó con fuerza, levantándola mientras lo hacía.

-¿Por qué demorabas tanto? -le preguntó, y justo ahí me vió. Durante un segundo su cara se desfiguró. Sorprendido, pensé en ese momento, aunque ahora creo que en sus ojos había algo más: rabia, y sobre todo, celos. -Ah, ya veo porque.
-El es Lucas, me ayudó a escapar anoche -intervino Lorena mientras Migue se acercaba a mí.
-¿Qué tal? Yo soy Migue -y me estrechó con fuerza la mano.

Migue es un tipo algo más bajo que yo, alrededor de 1,75 metros y bastante más delgado, 70 kilos como mucho. Tiene el pelo largo y lacio, y se lo peina bien ajustado en forma de cola de caballo. Usa barba y bigote, pero sin arreglárselos mucho, y una prominente nariz curvada se destaca por sobre sus pequeños ojos. Cuando estreché su mano noté que tiene tatuado su nombre en los nudillos, con la M en el dedo pequeño y la E tatuada entre el pulgar y el índice, y tiene la forma de cinco puntos, como en los dados, de forma que lee así:

migue.jpg

Ya he visto ese símbolo muchas veces antes. Es común entre los presos y significa “cuatro choros rodeando a un cana”. Se lo tatúan aquellos que mataron a un policía.Lo que pasó de aquí en más ya lo conté. Llegué a encontrarle un hilo a todo lo sucedido en base a las conversaciones que mantenían Lorena con Migue y a algunas cosas que ella me contó a mí.

Al otro día (o sea, ayer) le pregunté a Migue como hizo para encontrarnos. No me respondió nada, pero me dijo que si él pudo encontrar a Lorena , seguro que Carlitos también podría. “Entonces por qué no nos largamos de acá”, le pregunté, pero el me aseguró que por el momento lo mejor sería esperar a ver que es lo que sucedía, y si después de un par de días la cosa seguía tranquila, entonces sí moverse a algún otro lado.

Un rato más tarde, mientras estaba yo viendo tele y Migue había salido por cigarrillos, se me acercó Lorena y me dijo que si quería irme que me vaya. Que éste no era mi problema. Le tomé las manos y se las besé. “Estoy con vos hasta el final, para bien o para mal” le dije, y nos quedamos así, tomados de la mano y viendo el partido, hasta que volvió Migue más tarde.

En este momento Lorena y Migue están cargando sus armas. Al parecer él vio a uno de los hombres de Carlitos merodeando por la zona. Parece que va a empezar la fiesta. Lorena se acerca a mí. Es hora que le muestre de qué estoy hecho.

Termina acá…

Published in: on 9 febrero 2007 at 18:04  Comments (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. wowow…estoy hara 40 minutos leyendo con la boca abierta
    (ojo con el chiste facil)

    bravo Poioooo!!!

    por dios ponelos en el foro …la gente tiene que leer esto es increible!

  2. Poio no entiendo porqué dices que es una parte de relleno, si los cuentos no pueden tener relleno. Tengo una serie de comentarios pero necesitaría un mail, así que si pasas por tajalápiz, si quieres me lo dejas.
    Desde tus antípodas, un saludo juniero


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