Ya vendrán días mejores

Acá va un cuento largo de un viejo conocido: Luciano Bagalone, mi yo onírico. Pueden leer algo más de él en el cuento “Al final los mato a todos“. Espero les agrade.

“Es que la muerte está tan segura de vencer
que nos da toda una vida de ventaja”
Cuando vendrán – La Renga

Ese día no fue de los mejores en la vida de Luciano Bagalone. Para empezar se había despertado en medio de la noche sobresaltado por una pesadilla que todavía no podía recordar, pero que le hizo pegarse un susto de primera. Durante la mañana no sólo se cortó la mejilla mientras se afeitaba sino que también se derramó el café del desayuno sobre la camisa y tuvo que bañarse y vestirse de nuevo. Esto provocó que llegase tarde al trabajo y se ganase una nueva reprimenda de su superior.

En la tarde lo asaltó el recuerdo de la pesadilla de la noche anterior, pero por más que quiso no logró recordar nada de ella. Le empezó a dar vueltas al asunto, le molestaba no poder recordar que fue lo que lo asustó tanto, a tal punto que olvidó que tenía que reunirse con su novia a la salida del trabajo. Recién pensó en ella cuando llegó por la noche a su departamento, al ver sobre la mesa el juego de llaves de ella con el llavero del oso Yoggie que le regaló él cuando cumplieron tres años juntos (el único regalo que le hizo, por cierto, y de eso hacia un año ya) junto a una nota que sólo decía: “Ya no te soporto más.” Tomó la nota, la hizo un bollo en su mano y la tiró a la basura. Sacó una lata de cerveza de la heladera y mientras la bebía de un solo trago pensó que ya vendrían días mejores.

Dos años pasaron sin que a la vida de Luciano Bagalone llegaran días mejores. Lo despidieron de su antiguo trabajo, y del siguiente, y del siguiente, y del… Tuvo que vender su departamento porque lo asfixiaban las deudas, y ahora vivía en una pensión de mala muerte rodeado de viejos decrépitos, putas y ratas. En todo ese tiempo no pudo consolidar ninguna de las relaciones sentimentales que inició, y la chica con la que más tiempo estuvo, unos tres meses, lo dejó diciéndole que se había vuelto insoportable. Pero como todas las noches, Luciano Bagalone se tomaba una cerveza pensando que ya llegarían mejores días.

Al domingo siguiente viajó con unos familiares y amigos a pasar un día en las sierras. Necesitaba relajarse y ésta le pareció una ocación ideal. Elijieron un camping ubicado entre la ruta y un arroyo. Un puentecito de piedra los llevaba a la otra orilla, donde había un mercado donde comprar más provisiones si era necesario. Mientras un amigo de la familia se encargaba del asado, las mujeres preparaban las ensaladas y los cubiertos, los chicos chapoteaban en el agua y Luciano y el resto jugaban al truco y le entraban al vino y las cervezas.

Comieron hasta artarse, se bañaron en el río que estaba deliciosamente fresco y la mayoría de ellos quedó más que alegre de tanto tomar. En la tarde, después de una siestita al sol, mate, facturas y criollitos para cerrar un día maravilloso.

Los autos dejan de circular en la ruta en ambas direcciones, y todos vienen ahora del sur a toda velocidad y conduciendo como locos, y Luciano ve que los conductores llevan la cara desfigurada de terror.

De repente un temblor sacudió el piso y les llegó el sonido aturdidor de una explosión. El más pequeño de los niños, de apenas siete meses de edad, se despertó llorando de su siesta. Algo ocurrió en la ruta, a unos 500 metros al sur de donde se encontraban, más allá del puente carretero, del otro lado de la curva.

Desde su posición Luciano no llegaba a divisar nada, y su naturaleza curiosa hizo que se levantara y se dirija al lugar del hecho.

-¿A dónde vas?- le prguntó la mujer de su primo.
-Voy a ver que pasó. Seguro que hubo un accidente y alguien debe estar necesitando ayuda.
-¿Querés que te acompañe?- le preguntó su otro primo.
-No, dejá. Quedensé acá con los chicos que se deben haber pegado un susto del carajo. Yo ya vuelvo.
-Bueno, pero cuidate, Luciano. No te hagas el héroe ni hagas boludeces- le pidió la menor de sus primas.

Lucino Bagalone se acercó al origen de la explosión a un paso entre caminar rápido y trotar despacio. Cuando estaba llegando al puente carretero, una vocecita desde atrás le pidió que se detuviera.

-Esperá, tío, voy con vos.

Era el mayor de los hijos de su primo, que aunque aparentaba unos doce años, apenas tenía ocho.

-Bueno, pero quedate atrás mio.

Luciano atraviesa el puente. Lleva algo agarrado a su mano derecha pero no sabe lo que es. A cada paso que da ve algo más de lo que ocurrió del otro lado. Un auto dado vuelta. Una moto estrellada contra un árbol. Un camión con el remolque volcado. Al llegar a la mitad del puente ve donde se originó todo. Una columna de llamas ocupa el centro del escenario. Pero a medida que la mira con mayor detalle, Luciano Bagalone se da cuenta que no es una columna de llamas. Ve con claridad los brazos y las piernas y la cabeza con cuernos y las alas de murciélago y la cola de réptil. La columna de llamas es en realidad un enorme demonio de fuego.
Intenta escapar del lugar pero lo que lleva agarrado en su mano lo detiene. Gira para ver que es y ve que de su mano cuelga inerte el cadaver de un niño con el rostro desfigurado por el miedo. Mira hacia el demonio y éste lo está viendo directo a los ojos. Una voz dentro de su cabeza le dice: “Ahora por siempre serás mio.” Luciano Bagalone suelta el cadaver, se da la vuelta y se aleja corriendo de allí.

Luciano observó con verdadero horror lo sucedido. Al parecer una camioneta chocó contra un camión que transportaba combustible, y en el choque la carga explotó. Era tal la intensidad de las llamas que no pudo acercarse más allá de la curva, a unos 50 metros del siniestro. Su sobrino escondió su carita en su abdomen, bastante hinchado debido a la cerveza, porque el espectáculo era demasiado para su corta edad. Además de los causantes del accidente, había al menos media docena más de vehículos accidentados, y se veían los cuerpos calcinados de sus ocupantes. En el aire flotaba un olor mezcla de combustible con carne de cerdo asada. Luciano de que era lo que despedía ese aroma, y tuvo que contener las ganas de vomitar. Nunca más volvería a comer cerdo, de eso estaba seguro.

A unos 15 metros de él un auto que había chocado contra una garita de colectivo empezó a arder. Segundos después explotó. Giró e intentó cubrir con su cuerpo el de su sobrino, pero no lo logró. Un pedazo de la carrocería del vehículo se clavó en un costado del niño y de la herida salía sangre a borbotones. Lo levantó en sus brazos y corrió hacia donde se encontraban sus primos. Mientras se retiraba del lugar, volvió la cabeza y le hechó un último vistazo a las llamas que eran el centro del accidente.

El lugar del pícnic es un basural. Los canastos están tirados, las mesas volcadas, el resto de los alimentos esparcidos por el suelo. Y Luciano Bagalone ve con horror los cuerpos de sus parientes flotando sin vida en las aguas rojo sangre del arroyo.

Luciano llegó a los gritos a donde se encontraban sus primos. El cuerpo de su sobrinito colgaba de sus brazos, y Luciano rogaba porque aún estuviese con vida, y de que aún haya tiempo para salvarlo. A su izquierda se había formado una cola de vehículos que se dirigían al sur por la ruta y que tuvieron que detenerse debido al accidente. La familia Bagalone estaba reunida alrededor de la mesa, y el padre del niño al ver a su primo correr con su hijo en brazos se levantó alarmado. Nunca llegó a enterarse de lo que le sucedió. Unos 20 metros más atrás, un conductor impaciente se pasó al carril de la izquierda aprovechando que no venía nadie en esa dirección para salir del embotellamiento. Inexplicáblemente la 4×4 reventó un neumático y mordió la banquina. El conductor intentó enderezarla pero sólo logró que volcara y saliera a los tumbos. Fue en el primero de estos, antes de terminar estrellada contra el puentecito de piedra, que cayó con todo su peso sobre la familia de Luciano, atenta en ese momento a lo que le habría sucedido al niño. Murieron todos en el acto.

Luciano Bagalone vio todo esto como si sucediera en cámara lenta, pero no tuvo tiempo de poner en sobreaviso a su familia. Se dejó caer en el suelo y abrazando el cuerpo sin vida de su sobrino, lloró.

Continúa acá…

Published in: on 4 marzo 2007 at 20:07  Comments (1)  

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  1. voy a comentar cuando lo termine de leer


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