Ya vendrán días mejores (Descenlace)

Ya vendran días mejores (Primera Parte)
Ya vendran días mejores (Continuación)

“Cuando vendrán los días de sol
y no tener esa nube en el cielo.”
Cuando vendrán – La Renga

Luciano Bagalone se acercó a la ventanilla por la que hablaba el cura y le pidió, no, le suplicó: Padre, por favor, confiéseme. Y acto seguido empezó a contarlo todo. Abrió su alma y su corazón y le confesó al padre todo lo que pensaba que era malo. Las peleas estúpidas que tuvo estando borracho, las mujeres con las que jugó, las drogas que consumió, cada mentira que contó. Todos los pecados de su vida brotaban como un torrente a través de su boca, y a medida que los confesaba sentía como una luz surgía dentro suyo y limpiaba la oscuridad de su alma, y cuando soltó el último de sus pecados sintió también que se sentía libre por primera vez en su vida y que el nexo que lo unía a esa extraña precencia, si es que realmente existía, se había roto para siempre.

Luciano rezó junto al padre, le agradeció y salió de la iglesia. Ya no tenía nada que temer. Volvería a la pensión, se bañaría, se cambiaría e iría él mismo a presentarse a la policía para aclarar su situación, si es que había algo que aclarar. Paró un colectivo que pasaba por ahí y se subió en él.

Unas paradas más allá el colectivo se detiene y alguién sube. Desde donde está sentado, Luciano no puede ver quién es, pero lo sabe. Su perseguidor lo ha vuelto a encontrar y está en el mismo colectivo en el que él viaja. Se pone de pie y empieza a empujar a los demás pasajeros buscando llegar rápido a la puerta trasera. Vuelve la mirada hacia atrás pero no puede distinguir la cara de su perseguidor entre la gente, pero sabe que está allí. Cuando llega a la parte de atrás se prende del timbre hasta que el chofer se detiene. Se baja corriendo del bus…

Luciano se puso de pie, fue hasta la parte trasera del colectivo y pulsó el timbre para bajarse. No estaba ni cerca de su casa, pero algo le llamó la atención y decidió descender allí mismo. El chofer lo dejó frente a una calle que subía por unas cuadras hasta una loma y de allí volvía a descender. No recordaba haber estado antes en ese barrio, pero el lugar le sonaba extráñamente conocido. Empezó a subir por la calle…

                                                                … y sube por una calle que hace una loma unas cuadras más allá, pero en la segunda calle dobla a la izquierda, consciente de que su perseguidor sigue detrás suyo…

                             … y a las dos cuadras dobló a la izquierda…

                         … con la intención de perderlo. Una cuadra más allá vuelve a doblar a la izquierda. Sigue corriendo por la misma vereda hasta que al llegar la séptima casa se detiene de golpe…,

                                                                                                    … Caminó una cuadra y volvió a doblar a la izquierda. El lugar y la situación le parecían cada vez más familiar. Cuando vio la casita blanca con puerta azul, la séptima contando desde la esquina, recordó todo…

                                                                                                      … abre la puerta y entra en su interior, cerrándola con un golpe detrás suyo. Delante de él hay dos puertas; una lleva a la cocina y la otra a una habitación. Opta por ésta, y se dirije corriendo a ella. Una vez dentro nota que no hay un placard donde esconderse, y en la desesperación, se tira al piso y se mete debajo de la cama. En ese mismo momento la puerta de la calle comienza a abrirse.

                                                                                                          … La pesadilla que había tenido unos años antes, la que lo asustó tanto y no pudo recordar, volvió con fuerza a su mente. Cada acción, cada detalle, estaban ahora allí. Empezó a temblar de miedo, pero igual estiró su mano para asir el picaporte y abrir la puerta. Estaba cerrada. En ese momento pensó en marcharse, pero de nuevo su naturaleza curiosa lo dominó y llamó a la puerta con unos golpes de puño. Al instante se abrió y lo recibieron dos mujeres, una de mediana edad y otra más entrada en años. Tenían un parecido increíble.

-Hola, hijo. Te estabamos esperando.
-Pero… no, no puede ser. ¿Mamá? ¿Nona? Ustedes están… están muertas.
-Como puedes ver, no es así. Pasá, nene, te vamos a explicar todo.

Luciano Bagalone entró. Estaba asustado, sorprendido, pero de ninguna manera se sentía en peligro. El ingresar a la vivienda fue como volver a casa. Por dentro era tal cual la recordaba de su sueño. Empezó a recorrerla, a ver los detalles y todo le pareció perfecto.  Nunca antes se había sentido tan identificado con un lugar. Mintras revisaba la habitación, escuchó a su abuela decir: “Pasá, nena, él ya está acá.”, pero no le prestó atención a esas palabras. Seguía atrapado por la magia de la casa. Su madre lo observaba desde la entrada de la habitación con una sonrisa en los labios; una sonrisa que expresaba alegría y orgullo por su hijo.

Luciano se puso de pie. Estaba viendo debajo de la cama, recordando dónde se había escondido en su sueño. Se dio vuelta para preguntarle algo a su madre, pero ella ya no estaba en el dintel de la puerta. En su lugar había una mujer mucho más joven, rubia, cabello hasta los hombros, espalda fuerte, como de nadadora. Aunque aparentaba unos años menos que él, su mirada tenía la profundidad de alguien que lo sabe y ha visto todo. La reconoció de inmediato; era la precencia de la que había estado huyendo desde el día anterior y de la que huía también en su sueño. Ella no era lo que aparentaba; era un demonio. Quizás el mismo Lúcifer.

-No temas, hijo. Éste es tu destino. Fuiste traído al mundo con un fin, y el que estés hoy acá lo prueba. Junto a ella engendrarás al hijo del Amo. Vos llevás la Semilla del Mal. Vas a ser el padre del Anticristo.

La chica se acercó a él pero no sintió deseos de huir. Ella no lo perseguía, lo buscaba, y ya lo había encontrado. Lo tomó de la mano y lo llevó junto a ella a la cama. En el momento en el que él se corrió, ella le susurró al oído:

-Vas a ver que ahora vendrán días mejores.

Luciano Bagalone estaba seguro de que así sería.

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Published in: on 15 marzo 2007 at 16:02  Comments (8)  

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8 comentariosDeja un comentario

  1. Me ha encantado el desenlace. Me sorprendió de veras aunque reconozco que yo habría omitido ese “se corrió” y habría optado por una expresión menos pornográfica :D

    ¡Un besico Poio!

  2. La verdad es que puse esa porque no se me ocurrió otra. Mirá que le di vueltas al asunto pero no me salió nada, así que quedó esa nomás :P

  3. donde se consiguen de esas poiolus?
    donde firmo?

  4. Cuernavaca

  5. No se venden, negro. Vienen de fábrica :P

  6. Che, Poio, esto es una obra maestra, que queres que te diga? va puede que sea queestoy leyyendo tus cosas hace 2 horas.

    Hoy no sigo subiendo, mañana sera, es tarde y tengo los ojos hechos bosta.

  7. no se si una obra maestra pero sí de los que más me gustan.

    mansa maratón te pegaste… no tenés que ir a la escuela, nene??? :P

  8. Ejeje es uno de mis favoritos.


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