Pueblo Chico: infierno grande (Cuento interactivo)

Este cuento nació a partir del post Ayuda literaria. Constará de cuatro partes. Acá va la primera. Por cierto, gracias a todos los que colaboraron para darle forma al cuento.

—————-###—————

Parte uno: El niño de las moscas

Pueblo Chico ………………… 140 Km.,

reza el cartel indicador a orillas de la ruta. Ningún nombre aparece antes y ninguno después.

“Perfecto” piensa Lautaro Villegas mientras se acomoda de nuevo en el asiento del colectivo en el que viaja. “Un pueblo en medio de la nada es lo que necesito. Quizás allí pueda rehacer mi vida.” Y cierra los ojos para dormir el resto del viaje.

“rehacer mi vida… rehacer mi vida… rehacer mi vi…”

Lautaro Villegas tiene ocho años y está jugando sólo en un campo cerca del río. Nadie sabe que está allí, se supone que debería estar en la escuela, pero se ratoneó para ir a cazar palomas con su gomera nueva. Ya fijó una nueva víctima; está sobre el techo de un granero y le da la espalda. Tiro fácil. Prepara su arma, apunta y… ¡ZAZ! La paloma cae entre una nube de plumas y sangre. Lautaro corre a tomar su premio sin notar que delante suyo un viejo pozo ciego está abierto de par en par y va a dar con toda su humanidad al fondo lleno de mierda. Al instante un enjambre de moscaslo rodea y se empieza a meter entre sus ropas, en sus oidos, su nariz. Intenta gritar para pedir ayuda y la boca se llena de moscas. Traga unas cuantas y vomita el resto. Trata de trepar hasta la superficie, pero las paredes están resbaladizas y las moscas no le dejan ver dónde pisa. Al final el hedor lo vence y Lautaro se desmaya sobre la mierda y las moscas cubren todo su cuerpo dejándolo en la más absoluta de las oscuridades.

Pero la oscuridad se disipa. Lautaro abre los ojos y las luces de Pueblo Chico lo ciegan un momento. “Llegué” dice en un susurro. Pueblo Chico hace honor a su nombre; se extiende a orillas de la ruta unos 800 metros en dirección Este-Oeste y poco menos de 600 metros hacia el Sur. Tiene algo más de 3.000 habitantes, pero muchos viven en las chacras a orillas del río, 1.000 metros al Norte de pueblo. Cuando Lautaro Villegas desciende del colectivo son las tres y diez de la mañana (la hora de las sonámbulas, decía su madre) y el frío raja la tierra. A Lautaro esto no le importa. Inspira profundo el seco aire del desierto y piensa: “Siento como que volviera a casa.”

A la semana de llegar consiguió trabajo en el Copacabana, uno de los cabaret más viejo de Pueblo Chico. No le pagaban mucho pero lo dejaban dormir en el depósito de bebidas, y más de uan chica estaba dispuesta a acompañarlo a dormir al finalizar la noche, pero él siempre rehusaba cortésmente. Llevaba dos meses limpiando pisos y acomodando mesas (y sin matar una mosca -un hábito que traía de la niñez-) cuando el dueño del cabaret le pidió que atendiese la barra esa noche porque uno de los barman había contraído no sabía que enfermedad y había viajado a Ciudad Grande para hacerse ver los médicos.

Pese a que no le gustaba estar rodeado de gente, Lautaro obedeció. Esa noche sirvió tragos y bebidas cientos de veces sin mirar jamás a los clientes a la cara. No le gustaban todos esos borrachos y putas asfixiados por el humo del tabaco y el vaho del alcohol. Todas las voces le llegaban como una sola.

-¡Hay, papi! ¿No te vas a servir algo más además de esa copa?
-¿Cuánto cuesta esta mercadería?
-Un güisqui.
-Hummm, cuidado con esa manitas. Hay que pagar para tocar.
-¿Te está molestando, linda?
-Un ferné.
-Che´Anrique, ¿nunca perdiste una pelea?
-Las que perdí que las cuente el otro como ganadas.

Un viejo recuerdo asaltó la mente de Lautaro que casi lo hizo dejar caer la botella de fernet que tenía en la mano. Esa voz. ¡No podía ser otro que…

Veintidos años atrás un niño yacía desmayado entre un mar de mierda y un cielo de moscas. Unos metros por encima de él un hombre de mameluco y maloliente le explicaba a otro que la causa de su retraso era que tuvo que cambiar la bomba inyectora del camión y que le llevó más de lo previsto. El otro le decía que una hora no era demora pero que se pusiera a trabajar de inmediato, a ver si el pozo estaba limpio para el mediodía. El del mameluco maloliente asintió, arrojó la manguera bombeadora dentro del pozo y una nube de moscas salió de adentro. El ojo sagaz del “caquero”, acostumbrado a ver pozos llenos de mierda, notó de inmediato la figura del niño que yacía en el fondo, y sin demorar un segundo más, arrojó la escalera que traía en el camión y bajó a sacar al niño. Como pudo lo sacó (ya que su empleador se negó a ayudarlo) y dos baldes de agua fresca después, el muchacho abrió los ojos. Éste se incorporó, se sacudió algo de la mierda que lo cubría y le dijo a quién lo acababa de salvar: “¡Hijo de puta! ¡Por qué mierda demoraste tanto!”

… Enrique Sosa! El caquero que lo dejó 16 horas en un pozo ciego cuando era niño. ¿Pero que hacía en Pueblo Chico? No tenía la menor idea, pero al parecer su pasado siempre lo alcanzaba. Salió corriendo del Copacabana, necesitaba respirar aire fresco. Otra vez sentía ese sabor en su boca y el olor en su piel que nunca se iba. No podía volver a entrar allí otra vez y se alejó caminando sin rumbo fijo. Más tarde, cuando los primeros rayos de sol iluminaban la mañana, Lautaro mató la primera mosca del día sentado en un banco en la plaza de pueblo.

Ese mismo día Lautaro renunció a su trabajo en el cabaret. No le dio explicación alguna la dueño, y sin esperar a recibir su paga, recogió sus pertenencias y se marchó. Se mudó a una casilla que había visto un tiempo atrás, ubicada en una chacra abandonada a orillas del río, y bien alejada del pueblo y de vecinos molestos. Pero además de mantenerlo alejado y solitario, su nuevo hogar le permitía a Lautaro satisfacer su mayor pasatiempo: matar moscas y juntar los cadáveres en el piso en hileras de cinco. En la primera tarde que pasó en la casilla mató doce moscas, pero sabía que pronto serían más.

Lautaro iba una vez a la semana hasta el pueblo a comprar provisiones. Nunca demoraba más de una hora a o dos y volvía de inmediato a su casa. Un mes después de mudarse a la zona de chacras, en una de estas visitas obligadas al pueblo en busca de provisiones, volvió a cruzarce con Enrique Sosa. El desprecio que sentía por el caquero no tenía límites, pero en lugar de darse la vuelta y alejarse como había hecho aquella noche en el Copacabana, esta vez en empezó a seguirlo. Ahora que ya no era un niño iba a poder vengarse del caquero, sólo tenía que esperar el momento.

Lautaro siguió a Sosa por unas tres cuadras, hasta que éste se detuvo a hablar con una mujer que salía de una vivienda. La mujer era morena de piel y tenía largas y gruesas rastas que le llegaban hasta la cintura. Al principio no le llamó la atención, estaba con la vista fija en Sosa, pero cuando se acercó un poco más para escuchar que era lo que hablaban, se percató de que la mujer tenía varias moscas posadas encima. Eso hizo que fijara su atención en ella olvidándose por completo del caquero… y así fue como Lautaro Villegas perdió el sentido por Jenifer do Santos.

Cuando Jenifer terminó su charla con Enrique Sosa y se alejó del lugar, Lautaro se olvidó del odio que sentía por éste y le preguntó:

-¿Quién es ella?
-¿Me estás hablando a mí, pibe?
-Si. ¿Quién es ella? -y señala a Jenifer moviendo el mentón hacia adelante.
-Ah, ella. Es la Yenifer, una de las putas más viejas del pueblo.
-No la llamés así.
-¿Pero quién sos, pibe? ¿El defensor de la putas de Pueblo Chico? Aquella fue una de las putas más solicitadas hace unos años atrás, y una vez puta, siempre puta.
-No puede ser, si ella es…
-Che, pibe, ¿no te conozco de algún lado?
-¿Cómo dijo?
-Sí. Yo te conozco. Esperá que me acuerde…
-Perdón. Me tengo que ir.
-¡Esperá! Sí, ya me acuerdo. Vos sos el pibe de los Villegas, al que saqué una vez de un pozo ciego. ¿Qué manera de agradecerme aquella vez, eh?
-¿Agradecerte? ¿Agradecerte qué? Me tuviste dieciseis horas allí adentro, hijo de puta.
-Para, pelotudo. No me putiés o te cago a trompadas. Agradecé que al dueño se le ocurrió limpiar el pozo ese día o te hubieras muerto ahí adentro.
-La cosas no fueron así.
-Mirá, pibe. Ya me banqué hace veinte años…
-Veintidos.
-Los que sean. Ya me banqué una vez los reclamos de tus viejos y las boludeces qe decías vos y no voy a permitir que ahora que volviste a Pueblo Chico me sigas reclamando lo mismo.
-¿Volver? Si ésta es la primera vez que vengo a este pueblo.
-¿Qué? Al parecer los años te volvieron más boludo de lo que eras. Vos naciste acá, pibe, en Pueblo Chico. Tus viejos se mudaron a Ciudad Grande después de que te caíste al pozo.
-Son mentiras. Eso ocurrió en otro lado.
-¡Uy! Estás peor de lo que pensé. Andá a verlo con tus propios ojos. El pozo sigue ahí. Está en una chacra abandonada a orillas del río. La vas a reconocer por una casilla que hay ahí.

Lautaro no quiso oir más y se alejó corriendo de Enrique Sosa.

Una hora después estaba de pie frente al mismo pozo donde había caído veintidos años atrás. Se encontraba a 200 metros de la casilla donde vivía. El destino lo había traído de vuelta al origen de todo. Pero ahora era distinto. Él era distinto. Y además estaba Jenifer. Cerró los ojos y la imaginó diez, quince, veinte años más joven, con el cuerpo que alguna vez debió haber sido la perdición de muchos hombres. Y pensó en las moscas que se posaban encima de ella y sintió celos. Necesitaba matar esas moscas. Casi se diría que necesitaba matar. Hay moscas chicas y moscas grandes…. como los habitantes de Pueblo Chico… y esa pegajosa de María Hidalgo que lo seguía a todas partes…

Se había topado con ella una vez en el supermercado, y desde entonces que no se la podía quitar de encima. Pero no fue hasta ese momento, al pie del pozo ciego que alguna vez fue casi su tumba, y con el recuerdo fresco en su mente de Jenifer do Santos, que Lautaro se dio cuenta de que también odiaba a esa niña.

Esa tarde mató treinta y dos moscas, marcando un nuevo record, y por primera vez pensó con placer que las moscas muertas que yacían a sus pies eran los habitantes de Pueblo Chico. Y las dos primeras tenían nombre y apellido: Enrique Sosa y María Hidalgo.

—————-###—————

De próxima aparición
Parte dos: La voluntad de Dios

Anuncios
Published in: on 19 abril 2007 at 15:06  Comments (10)  

The URI to TrackBack this entry is: https://lacasadelpoio.wordpress.com/2007/04/19/pueblo-chico-infierno-grande-cuento-interactivo/trackback/

RSS feed for comments on this post.

10 comentariosDeja un comentario

  1. Bueno, la primera parte del cuento que escribimos entre todos esta lista.

    Aprovecho también para despedirme hasta el lunes… si todo sale bien mañana viajo al campo a comer un “asado” (lease una ternera entera y dos corderos capones patagonicos, mas 4 cajas de cerveza). digo si sale todo bien, porque en estas cosas nunca se sabe.

    sevemos, buen fin de semana a todos.

  2. Espero que cuando leas esto te hayas comido una ternera entera y dos corderos capones patagonicos mas cuatro cajas de cerveza… :-) El cuento va muy bien, Poio. Ya hay moscas con nombre y apellido. Veremos cual será el desenlace :-)

  3. Me gusta el cuento …. espero lo que viene.
    Buena idea la del cuento interactivo

  4. Engancha.
    Lautaro Villegas está definitivamente perturbado.
    Qué será lo que se avecina…

  5. Los que te dieron ideas están todos locos, poio…

    Mal…

  6. Gracias a todos por los comentarios. La siguiente parte vendra en breve, cuando me recupere del fin de semana. Mucha carne, mucho alcohol y el cuerpo me pasó factura :P

    sevemos

  7. Caramba, estoy impresionada :O

  8. Oh Poio dónde está el alma del escritor?? Ni aun destruido se abandona el barco……vamos bañate, duerme y vuelve otra vez……que estas historias van a dar que hablar…….!!!!!

  9. Mi hijo que se llama verdaderamente Lautaro Villegas, y que no entiende el castellano no ha comprendido nada, puede que esta pagina lo ayude a interesarse al aprendizaje del idioma nativo de su padre y sus abuekos paternos, tratare de explicarle en francés la trama de la ficcion, les contare el resultado, hasta pronto

  10. jajaja, que coincidencia, Edgardo. Me parece genial que uses uno de mis cuentos para enseñarle español a tu hijo. Si te sirve la data, en nov o dic sale el libro con ese cuento incluido.

    gracias por pasar por casa


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: