Pueblo Chico: infierno grande (4ta Parte)

Previamente en Pueblo Chico: infierno grande…

Parte tres: Primera sangre 

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Parte cuatro: Infierno en Pueblo Chico

ACTO UNO
“De cómo Lautaro Villegas busca desesperado a Enrique Sosa para matarlo, de cómo se acobarda al encontrarlo y cómo finalmente se dan vueltas las cosas y termina siendo él el amenazado.”

Escenario 1: dentro de la casa de Lautaro Villegas – Anochecer
(Lautaro Villegas se encuentra sentado a la mesa haciendo dar vueltas el cuchillo con el que María Hidalgo asesinó a Martín Barrera y repasa el plan que tiene para matar a Enrique Sosa. A sus pies siguen los cadáveres de las treinta moscas que mató en la tarde.)

LAUTARO: Bueno, hoy tampoco pude batir mi récord (culpa de la loca de mierda esa) pero la mosca mayor va a caer. Esta noche voy a ir a la casa del caquero y clavaré este cuchillo en su abdomen apenas abra para atenderme. Nada de cruzar palabras con él, una sola puñalada y después voy por Jenifer. Muerto el caquero no le va a quedar otra que venirse conmigo. Nadie jamás sospechará de mí. El cuchillo aún lleva las huellas de la mocosa y la sangre del otro tipo. Tuve la precaición de tomarlos con guantes de látex. (Aquí Lautaro hace una mueca demostrando su inteligencia.) Cuando encuentren los cadáveres Jenifer y yo estaremos lejos de este pueblo.

(Lautaro envuelve el cuchillo en papel de diario y lo esconde entre sus ropas. Al salir pisa las moscas que tiene alineadas en el piso y se va con siete insectos pegados en la suela de su zapato.)

Escenario 2: Fuera de la casa de Enrique Sosa – Noche
(Las luces de la casa están apagadas y pareciera ser que no hay nadie dentro. Lautaro Villegas se acerca dubitativo a la puerta de entrada. Lleva la mano derecha escondida tras su espalda con el cuchillo bien apretado. Con su mano libre llama a la puerta con tres golpes sordos que ni él escucha. Espera unos minutos y llama de nuevo, esta vez más fuerte. Al ver que nadie atiende se envalentona y golpea de nuevo con fuerza haciendo que la puerta metálica se sacuda. Convencido de que Sosa no se encuentra, toma más valor aún y lo llama a los gritos, señalando la puerta con el cuchillo.)

LAUTARO: ¡Salí, caquero, acá estoy! ¿Qué? ¿Me tenés miedo ahora? No decías que me ibas a cagar a trompadas. ¡Vamos, salí! ¡Te estoy esperando!
VOZ EXTRAÑA: Dejá de gritar, che. ¿No ves que no hay nadie?
LAUTARO: (Pegando un grito y sobresaltándose.) ¡Ay, mierda! (Mira hacia donde proviene la voz y ve que es el vecino de al lado.) Me asustó.
VECINO: Y que querés si gritabas como loco y tengo a los chicos durmiendo. Si lo buscás al Petizo´anrique no está, che.
LAUTARO: ¿No sabe dónde puede estar?
VECINO: Ni idea, che. Pero buscá en el pueblo el camión verde de él. Debe estar seguro en algún cabarute.
LAUTARO: Gracias, disculpe por las molestias.
VECINO: No es nada, che.

(El vecino entra a su casa y Lautaro se va de lo Sosa. No sabe si sentirse decepcionado o aliviado.)

Escenario 3: dentro del Copacabana – Más tarde esa misma noche
(Lautaro encontró el camión de Sosa frente al cabaret donde trabajaba antes. Sus ex compañeros lo saludaron con besos y apretones de manos que le hacían dar asco. Cuando vio a Sosa se sentó en una mesa detrás de él. Ahora lo observa, su cerveza sigue intacta en la jarra.)

LAUTARO: (Hablando para sí mismo.) Cuando vayas al baño, caquero. Cuando vayas al baño. Te voy a dejar tirado entre la mierda como hiciste vos conmigo.

(Enrique se levanta de la silla y se dirije al baño. Lautaro sale tras él. Se le aceca por detrás y se pone a menos de un metro de distancia. Ya saborea la muerte de Sosa. De repente este se frena y da la vuelta y se choca con Lautaro que absorto en sus pensamientos no ve este movimiento. La copa que lleva Sosa en la mano se vuelca encima de sus ropas debido al choque, haciéndolo enfurecer.)

ENRIQUE: Pero, pelotudo, ¿por qué no te fijás por donde vas?
LAUTARO: Perdón, yo no quise…
ENRIQUE: Vos otra vez. Estás buscando que te cague a trompadas en serio, ¿no?
LAUTARO: No… esteee… la verdad es que iba al baño y… esteee… no lo vi y…
PARROQUIANO 1: (Desde detrás de la gente, donde no se lo vea.) Jajaja, ¿te measte, Enrique? ¿No trajiste pañales que tenés los pantalones mojados?
ENRIQUE: (Enrojeciéndose más aún, más por vergüenza que por ira.) Pendejo y la puta que te parió. Tendría que haberte cagado a palos esta tarde. Si no fuera por la Jenifer que me frenó…
LAUTARO: (Como acordándose de golpe para qué había venido.) ¡Jenifer es mía! Nunca permitiré que te cases con ella. Si querés quedate con los bastardos, pero ella es mía.
PROSTITUTA 1: ¿Que dijo?
PROSTITUTA 2: Que el Petizo´anrique se va a casar con la Yeni.
PARROQUIANO 1: Jajaja. El caquero se va a casar con la negra cabaretera. Eso si que no se lo esperaba nadie.
TODOS: ¡¿QUÉ?!
ENRIQUE: (Acorralado por la situación. Siente la mirada de TODOS sobre su nuca.) Es algo que todavía no está decidido. Y al fin y al cabo la cosa es entre ella y yo, ¿no?. En cambio vos, pendejo…
LAUTARO: ¡¿Yo qué?! Voy a matarte caquero. Si te veo acercarte a ella voy a matarte.
PARROQUIANO 1: Che´anrique, ¿no te la dabas de gran peleador vos? ¿Cómo podés dejar que el pendejo ese te apresure así?
PARROQUIANO 2: Si, Enrique. Mostrale de que estás hecho.
PROSTITUTA 1: ¿Que dijo?
PROSTITUTA 2: Lo están alentando al´anrique pa´ que pelee con el Lautaro.
TODOS: ¡Pe-le-a! ¡Pe-le-a!
SEGURIDAD: Che, vamos, dispercensé. Nada de peleas acá adentro. Si quieren pelear vayan afuera, pero acá adentro no quiero quilombos.
ENRIQUE: (Con visible gesto de alivio al haber zafado de la situación.) Te salvó la campana, boludo, si no ya estarías mordiendo polvo. Ahora rajá de acá antes de que me hagás enojar en serio y te lleve a patadas hasta la calle.
PARROQUIANO 1: ¿Estás arrugando, Enrique? Si sos tan macho como decís llevalo afuera.
PARROQUIANO 2: Si, Enrique. Mostrale de que estás hecho.
PROSTITUTA 1: ¿Que dijo?
PROSTITUTA 2: Que salgan ajuera a peliar.
TODOS: ¡A-fue-ra! ¡A-fue-ra!
LAUTARO: (De pronto dándose cuenta de su propia situación.) Te haces el malo porque estás rodeado de amigos, ¿no? Veamos si sos igual de malo peleando solo, sin nadie que te ayude.
ENRIQUE: Pero te reviento solo, acompañado, como sea. Decime dónde y cuándo querés que te llene la cara de dedos y ahí me vas a tener.
LAUTARO: Mañana, en donde vos ta sabés.
ENRIQUE: ¿Dónde empezó todo?
LAUTARO: Donde empezó todo.
ENRIQUE: ¿Mañana?
LAUTARO: Al medio día.
ENRIQUE: Ahí voy estar.
LAUTARO: ¿Solo?
ENRIQUE: Solo.
LAUTARO: Hasta entonces, entonces.
ENRIQUE: Despedite de tus familiares, pendejo. Te voy a matar.
LAUTARO: Eso veremos.

(Enrique Sosa sigue diciéndole cosas a Lautaro Villegas mientras éste sale de escena por la puerta del Copacabana. Enrique se reune con sus amigos y sigue bebiendo, sin dejar de insultar a Lautaro y decir cuanto va a disfrutar cagarlo a trompadas.)

FIN ACTO UNO

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ACTO DOS
“Donde se cuenta la historia de Enrique Sosa, su pasado y su presente, y se da una explicación a su personalidad tan agresiva y altanera, para terminar relatando su encuentro con Lautaro Villegas.”

Escenario 1: dentro de la casa de Enrique Sosa – Madrugada
(Enrique está sentado a la mesa y da vueltas las llaves del camión en uno de sus dedos. A pesar de que recién llega del Copacabana no está tan borracho como de costumbre. Después del cruce de palabras con Lautaro Villegas no volvió a beber. En su cara hay visibles gestos de preocupación.)

ENRIQUE: (Hablando para sí mismo.) Yo y mi maldita jeta. Quién me manda a abrir la boca así. ¿Y ahora como zafo de ésta? Pero no voy a poder, se lo debo a la Jenifer. ¡Si sabía que el pelotudo este iba a mandarse tantas cagadas lo hubiera dejado en ese pozo de mierda de donde lo saqué! Pero no me va a quedar otra que ir hasta ahí pelearme con el boludo ese. Por la Jenifer nomás. Es la única amiga que de verdad tengo en este pueblo de mierda. La única que me trató siempre bien, sin importarle cual era mi trabajo. No importaba cuanta plata tuviera, si ganaba tanto o más que los ricos del pueblo; yo siempre fui el “caquero” de Pueblo Chico. ¡Pues la mierda que limpiaba era la de ustedes, hijo´e putas! Y cuando empezaron las burlas tuve que defenderme. Si los hubiera dejado que se burlaran de mí, que me gastaran bromas por mi aspecto y mi trabajo, no hubiera llegado hasta donde llegué. Entonces empecé a insultar a cualquiera que me mirase feo, y a amenazar al que me llamase caquero. ¡Y funcionó! La gente en lugar de ofenderse se echaba para atrás y me pedía que me calmase. “Calmate, Enrique; no te calentés, es una joda nomás”, me decían cuando me enojaba con ellos, y así, de a poco, empecé a ganarme el respeto de los demás. Pero para hacer creíbles mis amenazas tuve que inventar peleas y riñas en las que yo ganaba, yéndome en descripciones de mis dotes de peleador y en como les quedaba la cara a mis contrincantes… (Aquí Enrique hace una breve pausa, suspira profundo y continúa con sus divagues.) “La mentira tiene patas cortas”, decía mi abuela, y bien que razón tenía. Al tiempo tuve que empezar a inventar nuevas historias para tapar los baches que dejaban las viejas. Y así es mi vida desde entonces, hacerme el matón para que me respeten, invetando historias que respalden mi rudeza.

(Enrique sique divagando un tiempo más sobre su vida. Cuando las primeras luces de la mañana entran en la sala, Sosa deja las llaves del camión sobre la mesa y sale de escena retirándose a su habitación.)

Escenario 2: fuera de la casa de Enrique Sosa – Minutos antes del Mediodía.
(Enrique observa su camión atmosférico verde. Su rostro muestra claros síntomas de cansancio, como si hubiese dormido poco y mal, pero su expresión es la de nostalgia.)

ENRIQUE: (Pasando una mano por el costado del camión y hablándole a éste.) ¡Ay, mi querido y viejo compañero! Con vos nació mi fortuna y sin vos murió. ¿Cuántas veces intenté dejarte? La primera fue hace quince años, cuando llegaron las cloacas a Pueblo Chico y entonces pensé que era hora de cambiar de rubro e invertí en una chacarita. Pero compre a malos precios y vendí (cuando lograba vender) a precios peores. Todo acabó con la crecida del río Grande, que se llevó la mitad de los fierros que tenía, y volví a mi antiguo oficio, volví a vos, mi querido y viejo compañero, aprovechando la cantidad de familias que se mudaron lejos del río, al alto de Pueblo Chico, donde no había llegado la inundación ni la red cloacal. Cuando volví a juntar dinero, compré animales de hacienda, vacas, yeguarizos y ovejas. Pero entonces llegaron los años de sequía, y los animales que no pude vender a precios irrisorios, terminaron muriendo de hambre perdidos en el campo. Y mi último intento de dejarte, viejo y querido compañero, fue el taller mecánico que puse hace dos años, pero todas estas nuevas tecnologías, con computadoras a bordo y cosas así, me tiraron a la mierda y nunca pude de verdad despegar y sólo me dediqué a reparar las fallas menores de los autos de mis viejos amigos y conocidos. Pero no pienses que era de vos de quien me quería escapar, viejo y querido compañero. Si como ves, nunca me deshice de vos. Era del fantasma del caquero, de las burlas, de la falta de respeto de los demás a causa de mi trabajo de lo que escapaba. ¡Pero basta de cháchara! Ya es mediodía y el boludo aquel me debe estar esperando. Si no lo convenzo de que se deje de joder a la Jenifer, tendré que pelearlo nomás. ¡Me va venir bien cagar a trompadas a alguien!

(Enrique Sosa se sube a su camión y lo pone en marcha. Cuando sale de escena todavía sigue adentrándose en su personaje para enfrentar a Lautaro Villegas.)

Escenario 3: a la orilla de un antiguo pozo ciego, cerca de la casa de Lautaro Villegas – Mediodía
(Lautaro camina impaciente alrededor del pozo, con la vista fija en el suelo. Tiene los puños apretados y murmura algo que no se llega a oir. En el cinto lleva el cuchillo que perteneciera a Martín Barrera. Por un costado se ve aparecer el camión de Sosa y Lautaro se detiene en seco. Su impaciencia se transforma en miedo. Enrique baja del camión y se acerca al pozo. Lautaro gira lentamente en el lugar donde se encuentra y los dos quedan cara a cara, con el pozo de por medio.)

ENRIQUE: Bueno, pendejo, espero que hayas recapacitado con respecto a todo esto para que no tenga que cagarte a trompadas. Lo mejor que podés hacer para no salir lastimado es agarrar todas tus cosas y largarte de Pueblo Chico. Eso o esta noche vas a volver a dormir en el fondo de este pozo… esta noche y todas.
LAUTARO: (Saca el cuchillo y apunta con él a Sosa. Parece que va a decir algo pero de pronto su expresión de miedo se transforma en terror. Murmura algo mientras hace un paso hacia atrás. Mira algo por sobre los hombros de Enrique.) ¿Vos? Vos no podés estar acá. Vos te moriste.

(Enrique Sosa sin entender bien lo que pasa trata de acercarse a Lautaro. Un chillido detrás de él lo hace detener y volverse. Del otro lado del pozo Lautaro Villegas se cae al piso sobre un charco de su propia orina.)

FIN ACTO DOS

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ACTO TRES
“De como Jenifer do Santos se entera de la pelea que van a realizar Lautaro Villegas y Enrique Sosa y como por una mala desición no llega a tiempo para evitarla. A continuación se narrará la pelea en sí y el resultado final de la misma, con la aparición de un tercer participante que inclinará la balanza para uno de los luchadores. Sobre el final encontraremos al único sobreviviente de la matanza llorando desconsoladamente por los hechos que acabaron de ocurrir.”

Escenario 1: dentro de la casa de Jenifer do Santos – Minutos antes del Mediodía
(Jenifer está terminando de preparar la comida para sus hijos. Deja todo preparado para que se sirvan los chicos porque ella debe irse a trabajar. Está ya dispuesta a marcharse cuando sus tres hijos entran corriendo a la cocina a los gritos.)

CAMILA: ¡Mamá! ¡Mamá!
CONSTANZA: ¡Mamá! ¡Mamá!
JENIFER: ¿Pero qué hacer en casa tan temprano, niñas? ¿No deberían estar en la escuela todavía?
CAMILA: Mami, en la escuela andan diciendo que te vas a casar con el caquero.
CONSTANZA: Y que él iba a matar un chico que se quiere casar con vos.
BRIAN: ¿De verdad te vas a casar con el tío Enrique, mami?
JENIFER: Tranquilizarse, niñas. Hablar tranquilas que yo no entender nada.
CAMILA: Pues eso, má. Que en la escuela (y en todo Pueblo Chico al parecer) antan diciendo que el Petizo´anrique y vos van a casarse.
COSTANZA: Porque él es nuestro papá y por eso van a casarse.
BRIAN: ¿Pero entonces el tío Enrique es papá Enrique?
JENIFER: ¡Pero no! Ustedes no deber creer esas cosas, niños. Enrique no ser papá de ustedes y nosotros no casarnos. Esa ser una broma que hacerle a un muchacho que me molestaba.
CAMILA: No sé, má. Al parecer el chico ese se tomó en serio la broma porque lo desafió al caquero a muerte para casarse él con vos.
CONSTANZA: Y se van a encontrar ahora al mediodía para disputarse tu amor. ¿No es romántico, má?
JENIFER: No ser romántico, niñas. Ser tragedia esto.
BRIAN: ¿Pero al final quién va a ser mi papá?
JENIFER: Ninguno de los dos, hijo. Niñas, quedarse en casa, la comida ya está lista. Yo ir a casa de Enrique para ver si puedo evitar este desastre.

(Jenifer sale corriendo de escena y deja a sus tres hijos solos en la cocina, que tienen más cara de hambre que de preocupación.)

Escenario 2: fuera de la casa de Enrique Sosa – Mediodía
(Jenifer ronda la casa de Enrique, mirando a través de las ventanas y llamándolo a los gritos.)

JENIFER: ¡Enrique! ¡Enrique! ¿Dónde estás? Vamos, sal, soy la Jenifer.
VOZ EXTRAÑA: Dejá de gritar, che. ¿No ves que no hay nadie?
JENIFER: (Pegando un grito y sobresaltándose.) Ay, mierda. (Mira hacia donde proviene la voz y ve que es el vecino de al lado.) Usted asustarme.
VECINO: Y que querés si gritabas como loca y estoy tratando de hacer comer a los chicos. Si lo buscás al Enrique no está, che.
JENIFER: ¡Oh, no! Entonces llegar demasiado tarde.
VECINO: Mirá, che. ¿Por qué  no buscás en la zona de chacras el camión verde de él? Debe estar seguro en la casa del pibe este con el que se iba a pelear.
JENIFER: Muchas gracias. Disculpar las molestias.
VECINO: No es nada, che.

(El vecino entra en su casa y Jenifer se va corriendo de lo de Sosa. Se la ve terriblemente preocupada.)

Escenario 3: a orillas de un antiguo pozo ciego, cerca de la casa de Lautaro Villegas – Mediodía
(Enrique Sosa siente un ruido detrás de él y se vuelve para ver de que se trata. Del otro lado del pozo Lautaro Villegas está tirado en el piso sobre un charco de su propia orina.)

LAUTARO: ¿Qué haces acá? Se supone que estás muerta.
ENRIQUE: ¿Pero qué mierd…? (No pude terminar su frase porque un palo lo golpea en la cara y cae inconciente al piso.)

(Entra en escena María Hidalgo. Está empapada de arriba a abajo. Su cabello mojado cae sobre su rostro y sólo deja ver la boca y la nariz. Su blusa y su pollera van chorreando agua, dejando una huella mojada por donde pasa. Lleva sólo una zapatilla puesta.)

MARÍA: ¿Pensaste que estaba muerta, amor? Como puedes ver no es así. El Señor volvió a salvarme y a decirme que hacer. Y no podía dejar que el caquero arruinase Sus planes divinos. Llegaste a hacerme dudar, sabés. Pero ahora se que no eras vos el que hablaba, sino el Diablo que entró en tu cuerpo. Y fue por culpa de esa negra prostituta. Cuando acabe con ella el mal se irá de vos y vas a ver las cosas con claridad. Y si no sale, entonces lo tendré que sacar a la fuerza.

(María se acerca a Lautaro, que sólo se arrastra unos pasos hacia atrás antes de quedarse del todo paralizado del miedo. Lo rodea un tufo apestoso; al parecer también se cagó encima. María recoje el cuchillo sin prestarle atención y vuelve a donde está Enrique tirado. Sobre sus cabezas comienza a formase una nube de moscas.)

Minutos más tarde
(Jenifer do Santos llega al pozo siguiendo el camión de Enrique Sosa y llamándolo a los gritos. Se ve que aún alberga esperanzas de detener la pelea, pero al ver el cuerpo de Sosa tirado en el piso con un cuchillo clavado en la espalda, se derrumba en un grito de dolor y rabia. A unos metros de ahí, Lautaro Villegas sigue en el suelo inmovil, murmurando algo que es imposible de oir.)

JENIFER: (Dirigiéndose a Lautaro.) ¿Por qué lo hiciste, niño? ¿Por qué tener que llegar a este extremo?
LAUTARO: (Haciendo esfuerzo para levantar la voz.) ¡Cui… dado!

(Jenifer gira justo a tiempo para ver que María se le viene encima con un palo levantado y logra esquivar el golpe.)

JENIFER: ¿Pero qué hacer, niña?
MARÍA: Matar a una pecadora, como el Señor me lo encomendó. Preparate a recibir la ira de Dios… preparate para morir, negra puta.

(María vuelve a cargar sobre Jenifer. Ésta logra esquivar los primeros ataques, pero finalmente María acierta un golpe certero en la espalda de Jenifer que la hace caer. Lautaro sale de su inamovilidad al ver a su amada en peligro y corre hacia María para evitar que de el golpe de gracia. Enrique Sosa recupera momentáneamente la conciencia, y cuando Lautaro pasa a su lado lo toma de un pie haciéndolo perder el equilibrio. En su intento por no caer, el pie de Lautaro resbala en la orilla del pozo y cae adentro, pero logra sostenerse con los brazos y quedar colgado del borde. María, al ver que Lautaro lucha por no caer al fondo del pozo, se abalanza sobre él y lo toma de las manos para ayudarlo a salir. Jenifer, todavía mareada por el golpe y sin pensar en lo que hace, se pone de pie, recoge el palo y golpea a María, enviándola junto a Lautaro al fondo. Al instante, una nube de moscas baja del cielo y cubre el pozo por completo.)

JENIFER: (Ya recuperada de su aturdimiento.) ¿Pero qué haber hecho?
ENRIQUE: (Haciendo un gran esfuerzo para hablar.) Jenny… acer… cate. No… ne queda… mucho tiempo.

(Jenifer se acerca a Enrique y éste le dice algo al oído. Ella hace un ademán de negarse, pero él la toma del brazo con sus últimas fuerzas y clava sus ojos en los de ella. Le dice con la mirada que no hay otra opción. Jenifer asiente. Enrique Sosa la suelta, dirije una última mirada a su camión y muere. Jenifer, ya sin fuerzas, se larga a llorar desconsoladamente.)

FIN ACTO TRES

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ACTO CUATRO – EPÍLOGO
 “De como Jenifer do Santos decide marcharse de Pueblo Chico y empezar una nueva vida con sus hijos en otro lugar. Último vistazo al pozo.”

Escenario 1: dentro de la casa de Jenifer do Santos – Tarde
(Jenifer y sus hijos están sentados alrededor de la mesa. Las gemelas están enojadas, Brian llora y su madre está cansada y con los ojos inchados de llorar. A sus pies se apilan una vieja valija y tres bolsos grandes de viaje.)

JENIFER: No les pido que entiendan todo ahora, niñas, sólo que hacer esto por el bien de todos.
CAMILA: Pero, má, ¿y la escuela? ¿Y nuestros amigos? Con ellos qué.
JENIFER: En Ciudad Grande encontrar nueva escuela y nuevos amigos, ya ver.
CONSTANZA: ¿Pero a dónde vamos a vivir, má? ¿Y de qué vas a trabajar?
JENIFER: Quedarnos en pensión de amiga mía hasta que consiga trabajo. Además tener ahorros para sobrevivir unos meses. Vamos, niñas, no hacer más difícil la partida. Ya debemos salir, recojer cada una su bolso. Ayudarlas, Brian. Con tiempo ver que esta ser la mejor opción.

(Uno a uno van saliendo los niños de escena. Al final queda Jenifer sola en la habitación. Recoje la valija, recorre con la vista el que fue su hogar hasta ahora, y se retira de escena apagando la luz y dejando todo a oscuras.)

Escenario 2: a orillas del pozo ciego – Anochecer
(Sólo se oye el zumbido de las moscas. A unos metros del pozo está el camión atmosférico verde de Enrique Sosa. El cuerpo sin vida del caquero está volcado sobre los controles del camión; aún lleva el cuchillo clavado en la espalda. La manguera de nivel indica que la sisterna está vacía. El manguerote del camión está desenrollado y va desde la sisterna hasta el pozo. Éste está cubierto hasta la superficie de aguas cloacales. De repente las moscas dejan de zumbar. El agua del pozo se revuelve inquieta y un brazo asoma por la superficie. El zumbido de las moscas comienza otra vez.)

FIN

Para Dulce Locura, Sonámbula, Tamaruca, Fanou y el Negro
los verdaderos hacedores de esta historia.

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Published in: on 5 julio 2007 at 21:27  Comments (8)  

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8 comentariosDeja un comentario

  1. Bueno, ya está. Lo escribí de esta manera porque es de la única que me salió. Las “voces en mi cabeza” se negaron a dictármelo de una forma narrativa más piola, y yo no pude modificar sus palabras, así que lo escribí textualmente a sus indicaciones.

    Espero que les haya gustado el final.

    sevemos

  2. mor-tal

    muy, muy bueno poiolus
    gracias

    ‘nabrazo

  3. mew gustó Poio.Muy bueno.
    besis.

  4. Me gustó. Tiene una forma narrativa muy particular.

  5. Esta manera tuya de encarar el final … me gustó … no es convencional … no es lo esperado
    Me quedó doliendo la muda esperanza de Jenifer …. me quedó doliendo su dolor ….

  6. Poio, perdona la tardanza, estaba extraviada dentro de mi propio cerebro… es una sensación malísima pero se va con pastillas jejejeje ;-)Me has dejado “impresioná”: nada se te resiste ¡ahora teatro! Muy bueno el final de la historia. El reto era difícil y lo has superado con creces. Y gracias por la dedicatoria :-)
    PS. (1) Lo del brazo asomando me inquieta profundamente…
    PS. (2) Dile a Bagalone que sonámbula le echa de menos y que lo espera con las piernn…ppuertas abiertas ;-)

  7. Negro, aNNA, Mna: de nada :)

    Luna: a mí también, a mí también :(

    Sonámbula: lo del brazo es para la 2da parte :P de quién será???

    sevemos

  8. El brazo es de María, obviamente.

    No sólo no cumplió su misión divina(Painkiller?)
    sino que encima le asesinaron su amor.


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