La nueva

La luz de la única farola a gas de la cuadra ilumina la entrada al callejón. A esa hora de la noche muy pocos coches circulan por la polvorienta calle, y menos aún un coche a motor. El viejo llega hasta la farola, tras asegurarse de que nadie lo está viendo, entra al callejón.

Adentro lo esperan silenciosas las verdaderas dueñas de la noche. A medida que recorre la calleja empredrada, el viejo examina la mercadería. Las hay de todas las razas, tallas y pesos; imposible no encontrar una a su gusto.

Muchas de ellas lo ven pasar sin prestarle atención. Otras se esconden tras las cortinas de su habitación para que el viejo no las elija. Las más necesitadas, las más desesperadas y las menos prejuiciosas compiten por él mostrando lo único que ofrecen: su cuerpo.

Algunas levantan la enagua mostrándole su sexo; otras se bajan el vestido y le muestran los senos. Hay quienes se palmean el trasero a su paso y las que lo llaman con miradas provocativas.

Pero el viejo no busca a ninguna de ellas. Está buscando a la nueva, la que apareció hace unos días y de la que todos hablan. Le dijeron que la reconocería apenas la viera, sencillamente porque no pertenece a ese lugar.

En su segunda recorrida al callejón la ve, imposible no reconocerla. El viejo se le acerca y la recorre con la mirada. Su piel es más suave, su maquillaje más elaborado y su perfume más penetrante. Pero al instante se da cuenta de que nada de eso la hace diferente; la nueva se ve y huele precisamente a eso: a nuevo.

Ella le hace una seña con la cabeza y entra a su cubículo. El viejo la sigue. Adentro sólo hay una cama y una mesita con un velador a aceite encendido. Ella se desviste y espera de pie a que su cliente decida que hacer.

El viejo se acerca a ella e intenta besarla, tiene el aliento fétido de tabaco y alcohol, y ella aparta la cara. Al viejo eso no le importa y aprieta entre sus dedos callosos los pechos de la nueva pasando su lengua áspera y amarilla por los pezones.  Continúa con los lengüetazos por el vientre de la mujer y al llegar a la vagina se entretiene introduciéndole uno de sus dedos deformes. Luego de unos minutos lo saca todo mojado en los jugos de ella y lo lame con placer. Hace lo mismo con cada uno de los dedos de esa mano agarrotada, deforme y callosa que tiene, mientras que con la otra aprieta con fuerza los senos de la mujer para causarle dolor.

Cuando el viejo termina con su juego, le da una última mirada a la nueva y se va sin decir una palabra. También eso se lo dijeron; la nueva no pide nada a cambio de sus servicios. Ella se viste y sale otra vez afuera, a la espera de un nuevo cliente.

Llega unas horas después. Es un joven de no más de veinticinco años, peinado con gomina y bigote fino.  Viste traje negro, camisa blanca y moño color sangre. Llegó en un coche tirado por dos caballos que espera en la entrada al callejón bajo la farola. Al igual que el viejo, vino hasta aquí a buscar a la nueva.

Ella lo invita a seguirla a su habitación y él duda unos segundos antes de animarse a entrar. Cuando traspasa la cortina, la nueva ya está desnuda de pie al lado de la cama, dándole la espalda. Él la toma por los hombros y la besa en el cuello. Ella gira lentamente su cabeza buscando con su boca la boca de él. Cuando se encuentran se funden en un apasionado beso, en una sola lengua, una sola boca, un solo aliento.

La nueva gira para ponerse de frente a él. Las manos del joven acarician el cuerpo de la mujer, y ésta con las suyas desviste a su amante, buscando su erecto miembro. Va bajando despacio, besándole el pecho, el vientre, el vello, sin soltar jamás el pene de él, que ya quema entre sus manos.

Él termina de desvestirse y obliga a la nueva a ponerse de pie otra vez. Vuelve a besarla en los labios, el mentón, el cuello, mientras los dos se deslizan en la cama, donde sus cuerpos se funden en uno solo y se aman una y otra vez.

Cuando el joven se retira, la nueva se viste y se va del lugar, sin despedirse de nadie, por callejas y callejones olvidados, hasta salir a una gran avenida. Cruzándola se encuentra el edificio donde ella vive. Al darle paso el semáforo, cruza corriendo la calle,  saluda a la pasada al guardia que le abre la puerta de entrada y sube al ascensor que la llevará a su departamento en el último piso.

Como todas las mañanas, el despertador suena a las 7:15.  Ella lo apaga y enciende el velador. En cinco minutos entrará su mucama trayéndole el traje que usará hoy y preparará un baño de inmersión para ella. Cuando salga del baño envuelta en una bata limpia, su desayuno ya estará servido en una bandeja para que lo tome en la cama. Como todas las mañanas, en la bandeja habrá café, tostadas de pan integral con queso blanco y jugo de frutas naturales. A las 8 llegará su secretaria y la apurará para que termine de maquillarse, y mientras tanto le recitará todas las reuniones que tendrá ese día. Como todas las mañanas, a las 8:30 su chofer le avisará que está esperando abajo con el auto, y cinco minutos después estará junto a su secretaria (que a esa altura ya habrá atendido al menos siete u ocho llamadas en los tres teléfonos celulares que tiene) subida al Mercedes que la llevará a su trabajo.

Pero desde hace unos días las mañanas ya no son un despertar, sino más bien un cerrar los ojos y avanzar. Desde hace unos días, cuando llegó por primera vez al callejón, sólo espera las noches para empezar a vivir. Todavía siente en su piel el olor del joven que esa noche la poseyó, e incluso el recuerdo de los rugosos dedos del viejo le causan más placer que su rutina diaria de todos los días.

Apaga el velador y se envuelve en las sábanas para retener por más tiempo el aroma que lleva en la piel. Su mucama tendrá que esperar hoy para prepararle el baño de inmersión y traerle el desayuno. Su secretaria tendrá que cancelar algunas reuniones y reprogramar otras. Hoy llegará tarde al trabajo. A la noche volverá al callejón. En la noche volverá a ser la nueva.

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Published in: on 2 agosto 2007 at 14:00  Comments (16)  

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16 comentariosDeja un comentario

  1. en el fondo de mi VRCI un cajón quiere abrirse, conteniendo media referencia a un eco de algo que quizá tenga un aire a alguna línea argumental relacionada con este cuento.

    Obviamente, me quedo en eso.

    Está bueno, poio.
    Tenés que dejar de relatar historias y ponerte a escribir cuentos, te sale muy bien.

  2. La diferencia entre la esencia de cada uno y lo que representa puede traspasar sin problemas los umbrales del tiempo y del espacio.
    La nueva en un paisaje ajeno y lejano, es la vieja en el aqui y el ahora.
    La nueva es la promesa … la vieja el transcurrir

  3. Negro: cuál es la diferencia???

    Luna: cuál es la diferencia???

    es tarde para analizar comentarios inteligentes :P pero gracias de todos modos (eso creo) :S

    sevemos

  4. WOW!!! muy buenas tus letras, las leí por lo menos tres veces antes de comentar, y la verdad es que me maravillaste con esta historia.

    Saludos

  5. Nunca es más ELLA que en la noche, cuando la Nueva se apodera de su ser y muestra al mundo lo que arde en sus entrañas. Y llegará el día que abandonará su rutina para sumirse en su desesperado avance hacia el callejón…

    Soberbio, Poio. Tú si sabes captar la atención con tus textos ;-)

  6. Lumínicus: muchas gracias. A mi la verdad no me gustó tanto, pero se agradece de todas formas.

    Sonja: y no sabés como lo hago de frente ;-) mis historias no son más que eso… yo soy mucho menos interesante :P

    sevemos

  7. ¡Ah! ¿Y cómo lo haces de frente?, ¿sabes de posturas que yo no conozca? porque, si es así, estás tardando en enseñármelas ;-)

    Poio, tus historias atraen, y el ser más o menos interesante no depende tan sólo de palabras sino de hechos. Deja que seamos otros quien lo juzguemos, no tires tierra en tu propio tejado (en cualquier caso siempre hay alguien dispuesto a hacerlo ¿cierto?… yo me paso barriendo el mío gran parte del día ja ja ja)

    Besos bajo la luz del callejón :p

  8. Orale! la descripción y el detalle de datos en la narración sonó a cuento de stepehen king, obviamente haciendo a un lado aquello de la parte terrorífica en su máximo apogeo, porque ciertamente si tuvo un poco de terror para mí, jajaja.

    Saludos!!!

  9. gracias :)

    oye con respecto a lo de la ilustracion me llama mucho la atencion…
    contame mas… q es lo q quisieras?
    disfruta el fin de semana!
    chau

  10. Sonja: si yo sólo me tiro tierra encima es porque nadie podría hacerlo mejor que yo. entonces, lo que me digan o piensen los demás de mí, como se dice en mi tierra, “me chupa un huevo”.

    Madame Soul: gracias por compararme con el maestro, que es mi mayor inspirador en todos mis cuentos, salvo quizás en este. Para este cuento me inspiré en un sueño que tuve (como la mayoría de los cuentos que escribo) y en un relato de Julio Cortazar, “El otro cielo”.

    Electrokiss: de nada :-)

    sevemos

  11. Y yo te chupo los dos :p

    Poio, me limité a dar mi parecer sobre tu cuento pero… si no te parece bien que diga cuánto me gusta cómo escribes no hay nada más sencillo como no comentártelo.

    Besos chupones ja ja

  12. No malinterpretas mis palabras, guerrera. No me molesta que me halaguen, por el contrario, me parece lo correcto :P

    Ahora, en cuánto empiecen a hablar mal de mí, dudo mucho que digan algo que llegue a molestarme.

    sevemos

  13. Uy, me voy unos días y descubro que escribiste esto. . .una genialidad Poio.

    ¡Mis respetos!

  14. Gracias, Mna… para que veas que no tenés que irte tan seguido ;-)

  15. Che, muy bueno…
    ahora… porque te comparan tanto con King? yo no encuentros tanto parecidos… esta gente tiene que leer más libros de Steve.

    Sigo subiendo…

  16. vos fuiste uno de los que, Topa :p


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