13 balas

dark-city.jpg

A pesar de los hombres que me siguen no varío mi paso tranquilo y seguro. El que viene por detrás (una rápida descripción: 40 años, 1,85 metros, 90 Kg., piel blanca, cabellos castaños, peinados hacia atrás, grandes orejas y mandíbula fina) empieza a acortar cada vez más la distancia que nos separa. Atrás y a mi derecha, el segundo hombre (35 años, 1,70 metros, 75 Kg., contextura atlética, piel blanca bronceada, cabellos rubios quemados por el sol, peinados con raya a la derecha, barba en candado) también comienza a acercarse en diagonal a mí.

Ella (26 años, 1,75 metros, piel blanca, largos cabellos lacios y rubios, tetas increíbles) sale de detrás de un puesto de venta de manzanas bañadas de caramelo y pururú. Apenas la veo mi corazón se acelera y mi paso seguro vacila; sólo ella logra eso en mí. La radiante sonrisa que puso al recibirme se torna una mueca de sorpresa y sus brillantes ojos verdes se fijan en un punto detrás mío.

La rubia reacciona rápido (está bien entrenada) y cubre sus ojos con los lentes espejados que lleva a modo de vincha para proteger sus cabellos del viento. En el reflejo de los lentos puedo ver a mi perseguidor sacando un arma de unos de los bolsillos de la campera de cuero que lleva. Por el rabillo del ojo veo que el otro de los hombres que me siguen está a la par mía, unos siete metros a la derecha. Sigo acercándome a la mujer que se supone debo proteger, atento al movimiento de mis perseguidores. El de atrás hace la primera jugada; levanta su arma y me apunta. Mi turno.

Lucas se arroja a su izquierda y rueda sobre su hombro. Suenan dos disparos a la vez. Una de las balas pasa silbando por encima de su hombro; la otra da en la frente del tipo que efectuó el otro disparo. Unos metros más allá un hombre que va de sport saca también su arma, pero no tiene ocasión de usarla; una bala le vuela la mano que la sostiene, otra le atraviesa el cuello. Muere antes de tocar el suelo.

Me incorporo, apuntando a uno de los cuerpos y mirando al otro por si siguen con vida. Los gritos de la rubia me hacen volver. Está siendo arrastrada por dos hombres (trajes cruzados, cabellos corte cepillo, grandes y espesos bigotes, anteojos oscuros; en síntesis, policías de civil) hasta un Falcon verde estacionado en la calle. A ella le sangra un hombro. Hago un rápido cálculo: cuatro disparos, cuatro balas. Conclusión: la bala que esquivé impactó en ella, que en ese momento estaba justo frente a mí. Detrás del auto, parado junto a la puerta del acompañante, otro hombre (60 años, 1,95 metros, 120 Kg., piel morena, calvo) fuma impávido su 43/70 mientras observa la escena y ríe. Los dos policías de civil ya están metiendo a la rubia en el asiento trasero del Falcon. Tengo que actuar rápido.

Lucas es el primero en abrir fuego. La primera bala vuela en pedazos la ventanilla del conductor y la segunda la cabeza del mismo. El tercer disparo va dirigido al fumador, pero éste logra agacharse a tiempo y la bala pasa de largo. Uno de los policías que arrastraba a la mujer dispara una ráfaga de tres tiros con su automática contra Lucas, pero los disparos dan todos en el suelo. Lucas responde también con tres disparos, que dan en la rodilla, el estómago y el pecho del policía. Su cuerpo muerto cae dentro del auto, encima de la mujer, que se lo saca de encima con una fuerte patada arrojándolo de nuevo a la calle. El otro policía salta por encima del baúl del auto y se pone a cubierto detrás de éste. Lucas hace lo mismo y se cubre detrás del carro de manzanas acarameladas.

El primer contraataque de los policías me deja bañado en pulpa de manzana, caramelo caliente y pururú. Reviso el cargador de mi 9 mm.; sólo me quedan cinco balas. Me asomo para medir la situación. Sólo puedo ver durante unos segundos antes que una segunda lluvia de balas caiga sobre mí. El contenedor de los pururúes se rompe en la base y todo su contenido comienza a caerme en la cabeza. En otra situación la escena hubiera sido graciosa. Analizo lo que vi del otro lado: la rubia sigue tirada en el asiento trasero del Falcon, al parecer con vida. El fumador está bien a cubierto tras las ruedas delanteras y la puerta del acompañante. El otro policía está escondido tras el baúl y las ruedas traseras; deja a la vista uno de sus pies. Suficiente.

Lucas se acuesta en el piso rodando sobre su hombro derecho, con los brazos estirados sujetando su arma. A la mitad del giro aprieta el gatillo y la bala da en el pie del policía, que cae hacia adelante. Cuando apoya el brazo en el suelo para no caerse otra bala se lo vuela en pedazos, haciendo que caiga de cabeza. Cuando Lucas completa el giro gatilla por tercera vez y le pone una bala entre ceja y ceja al policía que lo mira atónito y sin poder creer lo que pasa.

Antes de que el último cana reaccione corro agachado hasta la parte trasera del Falcon. Miro adentro y veo que la rubia respira con dificultad. Me apoyo contra la rueda y miro para todos lados a ver si aparece el tipo. Un nuevo grito de la rubia me pone de sobre aviso y veo como los pies de ella desaparecen de mi lado. Intento agarrarlos pero sólo logro quitarle uno de los zapatos. Me levanto y veo que el cana la sostiene delante de él y le apunta con el arma. El cana se agacha para quedar mejor protegido, pero la rubia camina ladeada por la falta de su zapato, dejando todo un flanco desprotegido del policía. Sin darle tiempo a hablar, le pongo una bala en el ojo que quedaba al descubierto.

La chica cae al suelo gritando de miedo. El fumador chilla unos segundos debajo de ella antes de morir. La sangre que brota de su ojo apaga la colilla del 43/70, que sigue apretada entre sus labios.

Me acerco a la rubia y examino su estado; no está tan mal. Una lástima que no vaya a poder coger con ella. Hubiera sido mejor que la bala que la hirió la hubiese matado. Por primera vez no veo a los ojos a mi víctima. Giro la cabeza y aprieto el gatillo. Última bala. Última muerte del día.

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La imagen que ilustra el cuento se titula
Illuminating The Dark City,
y fue originalmente subida por
Ahmed.. ID
Published in: on 19 febrero 2008 at 14:47  Comments (15)  

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15 comentariosDeja un comentario

  1. Bien, finalmente vinieron y me conectaron internet. Como siempre sucede en estos casos, fui directamente a hablar con el proveedor, armas en mano, dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias, costase lo que costase (iba dispuesto a jugarme la libertad si era necesario), y ante mi pregunta tantas veces repetida las últimas semanas y meses: ¿Vas a conectarme internet? el tipo respondió: ¿Dónde vivís? Acá a 3 cuadras, le digo yo. Vamos, me dice él. Y 40 minutos después ya estaba conectado al mundo desde la comodidad de la única silla que tengo en casa. Para que vean que la violencia no lleva a ninguna parte.

    Con respecto al cuento, es uno que escribí hace rato y cada vez que lo leo le cambio el enfoque y el final (como lo habré cambiado que al principio se llamaba “Abducidos: un caso de intergaláctico de racismo”). Lo postié no porque sea lo mejor que tengo guardado sino porque estoy cansado de modificarlo.

    sevemos

  2. uffffff, cuanta violencia !! oye, remataste a la rubia??
    cuentame otro final, este me dejó un poco asi como…..ohhh !!

    ya tienes internet, ves que facil era ja ja, si es que la violencia no sirve de nada.

    un besote, poio ;)

  3. Muy bueno ¿Por qué murió la rubia?¿”Abducidos: un caso de intergaláctico de racismo”. . .?

  4. La violencia es una forma de enmascarar la disfunción eréctil.

  5. Nara: lo único en común que tienen las otras versiones de la historia es la muerte de la rubia al final. la verdad es que no se me ocurre otro final. te animás a contarlo vos???

    Mena: te aseguro que no querés saber de que se trataba originalmente el cuento.

    Santiago: antes que nada, bienvenido. y ya que hablás del tema… a vos te pasa eso??? querés contarnos un poco :P

    sevemos

  6. El texto en itálica es una partida de cyberpunk?

  7. …me acerco a la rubia, aunque tan de cerca se apreciaba que no era realmente rubia si no rubio,las tetas increibles eran producto del trabajo de un buen cirujano… ya no importaba mucho, la bala certera no le pidió la documentación !

    ja ja ja lo intenté al menos, pero tú lo haces mucho mejor !!

    un besote.

  8. Charly: no lo había visto así, pero sí… por qué no. aunque si me guío por la idea original, sería kult tranquilamente.

    Nara: con esta explicación ahora entiendo por qué Lucas no miró a los ojos a la rubia… en ese caso su pensamiento debería haber sido “y pensar que quise coger con ella” menuda sorpesa!!! :P

    sevemos

  9. Me encanta esa descripción acelerada. Cuando leo un texto y siento que voy a mil con cada palabra.

    Por mí, deja el final así como está.

    Un abrazo.

  10. Decía Cyberpunk porque a esa precisión nomás la tiene el party del chino.

  11. ¡Sí quiero saberlo!¡Soy curiosa!

  12. Catalina: me alegra saber que pudiste sentir lo que de alguna manera quise transmitir :-)

    Charly: estarás hablando de tu PJ, porque lo que era B.B. le encantaba la chorrería de balas por todos lados hasta que alguna diera en el blanco :P

    Mena: si insistís. En el cuento original los tipos que mató Lucas se volvían brillantes y desaparecían; eran extraterrestres usurpando el cuerpo de terrícolas. Desaparecen todos salvo el del jefe de los policías, precisamente el único que en la descripción no dice “piel blanca”. El asunto fue que las voces en mi cabeza callaron y no me contaron nada acerca del origen de los extraterrestres, de por qué Lucas sabía de ellos y un montón de detalles más, así que lo cambié a lo que finalmente quedó.

    Contenta ahora???

    sevemos

  13. La bala número 13 mató a la minita. Sería la de la suerte o la de la no-suerte?

  14. Che muy bueno, pero estaria bueno leer el original. Aunque no creo que lo tengas…

  15. Luna: no sé :S

    Topa: a menos que sepas leer tachones, borrones y sobreescritos no creo que te sirva de mucho el original. Pero sí; siempre los guardo.

    sevemos


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