4 de marzo – Ahora Dios juega a los dados

Murió Gary Gygax. Muchos quizá no tengan ni idea de quién es o que es lo que hizo, pero para nosotros, los que formamos ese íntimo club de amigos llamado “roleros”, él era como un dios, un padre, un hermano mayor. Gracias a su invención es que hoy tengo los amigos que tengo. Entonces hoy quiero homenajearlo de la mejor y única manera que se me ocurre: roleando. Y para eso voy a compartir con ustedes algo que escribí para otra cosa, para una partida de rol que llevo vía correo electrónico, que es la única forma de roleo que juego desde hace un tiempo ya. Ya antes subí la historia de mi primer personaje de rol (K-Rlos Sa-Ul, Jr., en las Crónicas de Elhoss) , pero esto es más nuevo. La historia viene de antes, lo que comparto hoy acá es la última de mis aportaciones. Esto es para todos los roleros del mundos, y para Gary, que en estos momentos debe estar haciéndole tirar 4d6 a Dios y descartar el más bajo para poner en su atributo de Fuerza.

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En alta mar

La tormenta arremetía contra la pequeña embarcación con toda la furia de los elementos. Agua y aire se juntaron con el único propósito de hacerlos caer y fracasar en su misión. Al menos eso es lo que pensaba Kishant, pero ni él ni los bravos marinos que sujetaban los remos estaban dispuestos a caer tan fácilmente.

La criatura que desde hacía varios días los venía siguiendo aprovechó la oscuridad de la tormenta y lo embravecido del mar para decidirse a atacar. Un enorme calamar, de más de veinte metros de largo surgió de las profundidades y extendió hacia ellos sus largos tentáculos. Kishant sabía que podía confiar plenamente en sus hombres, marineros de profesión pero guerreros de nacimiento, pero alguien debía llevar los remos y el timón del navío, ya que si no los terminaba por devorar la criatura, se los llevaría el mar a sus profundidades; debería enfrentarse el solo al monstruo marino.

Sin tiempo para poder ponerse su armadura, salió a enfrentársele nada más que con lo puesto, el taparrabos que cubría sus partes íntimas, y con Halaxcortubron, su espada, de la que nunca se separaba. Su pétrea piel, curtida por años bajo las inclemencias del tiempo debería bastarle para resistir los ataques del monstruo, ya que no podría confiar en su agilidad para esquivar los ataques al tener que estar pendiente en no perder el equilibrio y caer al mar.

La primera en atacar fue la criatura, que extendió dos de sus tentáculos contra Kishant. El bárbaro rechazó uno con su espada y golpeó al otro al mismo tiempo que éste se enroscaba en su pecho. El monstruo chilló de dolor y retiró el tentáculo, movimiento que aprovechó Kishant para cercenárselo.

El calamar gigante optó por sumergirse de nuevo y buscar un nuevo ángulo para atacar. Esta vez lo hizo desde los dos lados de la embarcación, envolviéndola entre sus tentáculos desde abajo buscando hundirla y ahogar a sus tripulantes. Kishant se movió lo más rápido que pudo, dañando a cuanto tentáculo se cruzara por su camino para evitar lo que sabía sería la muerte segura de todos. Sus hombres no se quedaron sin hacer nada, y soltando por el momento los remos, tomaron sus armas y comenzaron a atacar también al animal.

-¡Eso es, bastardos! –alzó la voz Kishant en medio del ruido de la tormenta y los gritos de sus hombres. –Demostrémosle a esta bestia con quienes se metió. ¡Sigan golpeando, mugres! En la mañana nos desayunaremos rabas gigantes.

El monstruo marino, malherido y furioso, comenzó a azotar la cubierta con sus tentáculos, haciendo trizas todo lo que golpeaba. Licaos y Zoroos, dos de los hombres de Kishant, se vieron golpeados por estos latigazos y cayeron al embravecido mar. El resto de sus compañeros, sabiendo que sólo contaban con su ayuda, comenzaron a arrojarles cuerdas para que no se perdieran en la tempestad. La criatura, al oler estas víctimas a su merced, se volvió a sumergir en las oscuras aguas, dejando por el momento de atacar la embarcación.

Kishant aprovechó este segundo de calma para inspeccionar el Estela de Hielo y evaluar los daños, pero un grito de Casio, su contramaestre, lo hizo volverse hacia la popa, donde su hombre de confianza llevaba el timón.

-¡Auxilio, capitán! ¡Ayuda!

El monstruo marino, más inteligente de lo que Kishant jamás habría imaginado, en lugar de ir tras los hombres caídos atacó por atrás el puesto de mando y atrapó entre sus tentáculos a Casio con timón y todo, destrozando así la única forma de controlar el navío y condenándolos a un naufragio seguro.

La furia se apoderó del guerrero dando lugar al bárbaro. No había tiempo de pensar ahora, sólo actuar y acabar de una vez por todas con la maldita criatura. Kishant sujetó con fuerza la empuñadura de su espada hasta hacer sangrar sus manos y apretó la mandíbula hasta que hacer añicos uno de sus dientes. Sus ojos se fueron inyectando de sangre hasta que todo vestigio de inteligencia desapareció de su mirada. Ahora sólo una palabra cruzaba por su mente: matar, matar, matar…

Kishant soltó un grito que hizo temblar por un momento a sus hombres y corrió hacia la bestia que en ese momento abría sus fauces para tragarse al contramaestre. De un solo salto estuvo junto a Casio y con un certero golpe de su mandoble cortó el tentáculo que lo había atrapado. Sin detenerse a ver si su hombre seguía con vida o no, pegó otro salto y clavó hasta la empuñadura su espada en la boca del monstruo. Éste, que a pesar de su tamaño no era nada lento, retrocedió hacia el mar llevándose consigo al bárbaro, que seguía sujeto a su espada. El monstruo atacó con los tentáculos que aún le quedaban, y aprovechando lo precaria de la estabilidad de su presa, logró hacerse con ésta, lo envolvió en una de sus extremidades y lo llevó hacia su boca.

Kishant hizo acopio de toda su fuerza para librarse del apretón, pero lo hizo demasiado tarde y al soltarse cayó libre hacia las fauces abiertas del calamar gigante. En menos de un segundo se vio envuelto en una oscuridad pestilente, pinchado por todos lados por miles de filosos dientes, y ahogado en una mezcal repulsiva de agua de mar y ácidos digestivos. Alzó su espada en un intento de abrir a la criatura desde dentro, pero a pesar de enterrarla hasta la empuñadura en la blanda carne del animal, no logró abrirse paso a través de él. Sólo que le quedaba una salida, pero no podía prever las consecuencias.

Su último pensamiento claro lo utilizó para serenarse y concentrarse en su espada. Halaxcortubron emitió un breve brillo… y desapareció. Un instante después Kishant volvía a respirar en un ambiente totalmente distinto. El enfurecido mar dio lugar a una vasta región congelada. El frío era tal que su aliento se convertía en cristales apenas salían de su boca. Kishant no se percataba de esto; su espada estaba forjada con el mismo material que el lugar donde se encontraba, el más frío y puro de los hielos, y lo protegía de su accionar. A sus pies se encontraba una piedra cristalina e informe, de un metro de altura y algo más de ancho, pero a vistas clara no hecha del hielo que lo rodeaba. La pateó con todas sus fuerzas haciéndola añicos y los órganos congelados del calamar se repartieron por la congelada planicie.

-Si esto no te mató, no se me ocurre que otra cosa hacer –dijo Kishant, pero su voz se perdió en la soledad infinita que lo rodeaba y nadie oyó sus palabras.

El bárbaro sabía que no tenía tiempo que perder. Tendría que volver rápido con sus hombres, pero ahora cualquier cosa podría suceder. Cuanto más tiempo estuviese en ese lugar más difícil sería poder dar con la ubicación exacta donde estaba la embarcación, pero el mayor peligro era que volviese al lugar correcto y su navío ya no esté más allí. Volvió a tomar a Halaxcortubron y cerró los ojos para concentrarse. Trajo a su mente todos los detalles que le dieran la ubicación del Estela de hielo: la posición de las estrellas la noche anterior a la tormenta y la del sol antes de que comenzase, la dirección de los vientos durante la misma, la forma en la que rompían las olas. Juntó todos estos datos en su cabeza y comenzó a ordenar la piezas. Lejos quedó el bárbaro que fuera hasta unos momentos atrás; ahora era el guerrero calculador, el que comandaba ejércitos y dirigía batallas. Cuando todas las piezas del rompecabezas mental estuvieron en su lugar, abrió los ojos.

Kishant tragó un enorme sorbo de agua salada y se apresuró a nadar hasta la superficie para no morir ahogado. Cuando sacó su cabeza del agua el fuerte sol del mediodía lo cegó por un momento. El mar no mostraba la furia que tenía en el momento que se marchó y se mecía calmo. Acostumbró la vista a la claridad y trató de divisar su barco, pero en vano. Por fortuna si lo vieron a él desde el navío, y sus hombres remaron con fuerza para ir en su auxilio.

A bordo las cosas no estaban tan mal. No se debía lamentar ninguna víctima humana, y los daños en su embarcación eran reparables. El mayor inconveniente sería colocar un nuevo timón, pero ya estaban trabajando en ello. Kishant bajó hasta la bodega, de un vistazo notó que sólo se habían roto un par de barriles de aguamiel, algo lamentable de verdad, pero su mayor preocupación quedó subsanada en cuanto vio que Delante-Del-Viento y Muerte Gélida, sus dos caballos, estaban en perfectas condiciones.

Volvió a subir a cubierta, entre las aclamaciones y vítores de sus hombres. Jorel, el más joven de los doce hombres a su mando, le alcanzó una jarra llena de cerveza. Kishant la bebió toda de un solo trago y le gritó a sus hombres:

-¡Qué esperan, ratas de mar! La lista de los mandados para empezar a hacer lo que hay que hacer. ¡Vamos! Muevan esos culos peludos que tienen y comiencen a filetear ese molusco. No les dije que íbamos a desayunarnos con rabas hoy.

Published in: on 7 marzo 2008 at 17:06  Comments (4)  

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4 comentariosDeja un comentario

  1. Me guuuusta Kishant.
    Y tus historias. Besos.

  2. Ayer fue un día aciago en cuanto a fallecimientos se refiere; por aquí también tuvimos una pérdida importante :(

    Besines para ti (y para el capitán Kishant)

  3. Bravo Kishant…
    :)

  4. Mena: es que es un grandote adoraaaable ;-)

    Tam: algo me enteré en las noticias. Me pregunto cuando parará todo esto.

    Botón: claro, y yo que soy el que hago todo por él qué??? :P

    sevemos


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