Lorena, la pistolera

La siguiente historia es una obra de ficción. Los personajes, situaciones y lugares narrados no existen, ni existieron, ni existirán jamás. O al menos eso les voy a hacer creer. Cualquier coincidencia o semejanza con la realidad se debe a mi falta de imaginación.

Lorena, la pistolera

I

“Me verás volar por la ciudad de la furia.
Donde nadie sabe de mí,
y yo soy parte de todos.”
La ciudad de la furia – Soda Stereo

Su nombre es Lorena y estoy enamorado de ella. Y mientras la veo cargar su arma una y otra vez, pienso que por ella voy a ser capaz de todo. Matar incluso, si llegase a ser preciso. En este momento me mira y me sonríe; sé que es mi corazón el que habla y no mi cabeza, pero también veo amor en esa sonrisa. Más allá esta Migue; no sé si presencia es una ayuda o una molestia, pero no deja de meterse entre Lorena y yo desde que llegó, hace dos días. A Lorena la conocí un día antes. Esta es la historia.

Desde hace unos años que viajo. Voy de aquí para allá, sin rumbo fijo. Ciudades, trabajos, amigos… mujeres; todas estas cosas son pasajeras para mí. A nada me aferro y no dejo que nada, ni nadie se aferre a mí. Pero la verdad es que todo el tiempo huyo. Huyo de mí, de mi pasado, de lo que fui y de lo que pude llegar a ser. Y fue en la última de mis huidas que la conocí.

Iba manejando mi viejo coche, un Torino verde del ´76, cuando la vi haciendo dedo a un costado de la ruta. Soy de llevar a los que viajan a dedo porque me hacen compañía al menos por un rato, pero sobre todo porque me recuerdan la época en que yo viajaba así y nadie paraba para llevarme. Así que frené sin pensarlo junto a ella.

-Gracias -me dijo mientras abría la puerta y se sentaba a mi lado.

Le eché un vistazo. Era sencillamente hermosa. Sus cabellos castaños, lacios, perfectamente peinados, caían a ambos lados de carita de nena hasta por debajo de sus hombros. Tenía unos bellísimos ojos verdes grisáceos, y la nariz y la boca pequeñas, que le daban un aire de nena grande. Además, un piercing en su labio inferior le daba un toque de rebeldía que la hacía más irresistible aún. Vestía unos jeans azules y una musculosa negra con la que cubría sus pequeños pechos. Todo lo que llevaba con ella era una mochila de lona.

-No es nada -le respondí. -Abrochate el cinturón -le pedí y me puse en marcha.

No cruzamos ni una sola palabra más durante las siguientes dos horas.

En este momento recuerdo algo que me marcó de niño. En realidad, pienso en ello desde los hechos que ocurrieron más tarde, durante la noche del día que la conocí. Supongo que será porque uno de los tipos que ella mató me recuerda a alguien que conocí hace muchos años. Yo tenía 7 u 8 años. Mis padres estaban construyendo la planta alta de la casa, y los dos albañiles que llevaban la obra vivían en una pieza que teníamos en el fondo del patio. La Pepa y el Manza les decíamos. Cada día, cuando llegaba de la escuela, iba a ver como trabajaban. Yo los ayudaba en lo que podía, alcanzándoles ladrillos o herramientas, y me pasaba toda la tarde escuchando sus historias. Los dos eran errantes. Iban de ciudad en ciudad, trabajaban de los que sea, juntaban el dinero necesario para llegar a otro sitio y se marchaban. Yo alucinaba con sus historias, los lugares que habían conocido, las cosas que habían visto o vivido. Un día vinieron a cenar a casa una pareja amiga de mis viejos. Durante el postre, ella me hizo la clásica pregunta que le hacen los adultos a los niños: “Nene, ¿qué querés ser cuando seas grande?” Yo respondí sin dudarlo: “Quiero ser albañil, como el Pepa y el Manza.” Mi vieja reaccionó de una manera que me asustó. Se levantó de su silla y me gritó: “Vos vas a ser alguien en la vida, no como esos dos vagos. Vos vas a ir a la universidad y te vas a recibir de doctor o de lo que sea. Sacate ya esas ideas de la cabeza.” No se habló más del tema. Al día siguiente, cuando volví de la escuela, el Pepa y el Manza no estaban trabajando en la casa. Cuando le pregunté a mamá por ellos, me dijo que papá los había hechado y que contrataría nuevos obreros. Llegaron al día siguiente. Estos ya no se quedaron a vivir con nosotros y mi vieja nunca me dejó hablar con ellos. Ni siquiera supe como se llamaban.

Pero mejor vuelvo a la historia. Decía que durante el viaje no hablamos nada y es cierto. Pudo deberse a que ella no era buena conversadora (que de hecho no lo es) pero más que todo a mi timidez, por no encontrar mejor palabra para describirlo, con las mujeres que realmente me gustan. Si sólo me atraen o se sienten atraídas por mí, soy un conquistador nato y efectivo. Pero cuando me gustan de verdad, cuando estoy realmente atraído por una mujer, no me surge ni una palabra, me cuesta romper el hielo, iniciar una conversación. Y así paso esta vez. Cada vez que volteaba hacia ella y la veía mirando por la ventanilla hacia ningún lado en particular, y veía lo hermosa que era, volvía la vista hacia la ruta como avergonzado, puteándome por ser tan estúpido.

Así seguimos hasta que llegamos a una pequeña ciudad. Fue ella la que rompió el silencio diciéndome:

-Yo me bajo allá adelante, en la entrada al pueblo, donde está la YPF.

-Ajá, de acá la veo -le respondí. Iba a agregar algo más, pero no dije nada.

A todo esto hacía como media hora que había anochecido. La ciudad al parecer era más pequeña de lo que imaginé porque la YPF estaba cerrada. Ella me agradeció el viaje y bajó del auto. La vi mirar de un lado a otro, como indecisa de que hacer, y ahí tomé una decisión; tal vez la peor (o la mejor, según mire la mitad vacía o la mitad llena del vaso) de mi vida.

Me bajé también del auto y la encaré.

-Mirá -le dije. -Ya es tarde y esto está muerto. Dejame que te acerque hasta tu casa.

-No hace falta -respondió. -En cualquier momento pasa el colectivo y ese me deja a dos o tres cuadras de donde voy.

-Pero dale, si a mí no me cuesta nada. -insistí. -Además ya es hora de comer y no me vendría mal buscar algún restaurante abierto en este pueblo.

-No, en serio. Dejá…

-No, insisto -la interrumpí. -No me voy a ir tranquilo sabiendo que te dejé acá sola, en medio de la nada. Además si quisiera hacerte daño ya lo hubiese hecho antes, ¿no? -Y sin darle tiempo a responder agregué: -Dale, subí que te llevo.

En ese momento me sentí seguro, hombre, de nuevo. Ella subió otra vez al auto, medio de mala gana, medio riéndose, y volvió a repetirme que no era necesario, que no hacía falta, que ella iba a ver como se las arreglaba, pero la callé y le dije que me guiara. Y sin embargo, en vez de aprovechar la situación para charlar y conocerla más, no dije nada y sólo seguí sus instrucciones para llegar a lo que yo suponía sería su casa.

Ahora que lo pienso me dio varias señales para suponer que algo estaba bien. La primera fue cuando subió de una a mi auto sin preguntarme para donde iba yo. La segunda era su mirada perdida durante el viaje, como si ella supiese ya de antemano que la noche no iba a terminar bien. Y la tercera fue cuando me guió por la ciudad, dudando en cada cruce de calles, titubeando cada vez que me decía que agarre por una calle u otra. Pero, obviamente, yo no me di cuenta de ninguna de ellas.

Veinte minutos más tarde salíamos de la ciudad por un camino secundario, que me pareció que llevaba a una zona rural. Después de cuatro o cinco kilómetros me hizo agarrar por un desvío a la derecha. El camino, de tierra y en muy mal estado, estaba bordeado de álamos, y supuse que tras ellos debían de haber plantaciones de algún tipo, seguramente frutales. En ese momento pensé: “¿Pero que bondi viene por estos lados? Una mentira seguro, para que no la trajera hasta acá”. Otra señal más de que algo malo estaba por pasar y que no supe ver.

Un kilómetro y medio más adelante me hizo entrar por un camino angosto, la entrada a una hacienda, según adiviné.

Continúa acá…

Published in: on 23 mayo 2008 at 0:24  Comments (18)  

The URI to TrackBack this entry is: https://lacasadelpoio.wordpress.com/2008/05/23/uno-que-trae-cola/trackback/

RSS feed for comments on this post.

18 comentariosDeja un comentario

  1. Este cuento fue publicado originalmente bajo el nombre “Uno que trae cola”. Lo cambié por éste porque así lo llama Luna, que dice además que es su favorito. Lo comparto de nuevo con ustedes y mientras termino de escribir la 3ra parte de “Esos ojos”, que iba bien encaminada pero justo me tocó una semana con mucho trabajo. Prometo tenerla lista para la semana que viene.

    sevemos

    PD: el cuento consta de 5 partes. Esas no las voy a volver a postear, pero si les interesa saber como sigue pueden leerlas clickando en el link al final de cada parte.

  2. GRACIAS POIO!!!!
    Pasaba a ver que onda y me sorprendiste!!! Sos lo más, Pendejo! (poné la coma donde te guste, más ahora que se acerca el 12/6)
    Es verdad que este es el cuento que más me gusta porque me impresionó mucho cuando lo leí por primera vez, tiene algo que hace que se disfrute de manera diferente.
    Besos che

  3. Desde la presentación ya me sonaba.

  4. Cáspita con Lorena! He leído esta primera y la segunda parte… hummm en buen lío se ha metido el protagonista…
    Sigo leyendo…

    Sevemos!

  5. Buen blog, encima con buena musica.

    Entra en el mio se quieres.

    Un saludo

  6. Luna: quería cambiarle el nombre al cuento hacía rato. Cuando lo escribí tenía sentido el que le puse pero ya no. Y ya que no había ningún otro en oferta dije: Bah, sí, el que le gusta a Luna queda de diez!!! :D

    Topa: debés ser uno de los pocos que ya lo había leído al cuento… al menos sé que te gustó :P

    Botón: si llegás al final contame que te pareció, dale???

    David: bienvenido, che, pero al menos hubieras leído el cuento antes de decidir si está bueno o no el blog. Y si estás buscando lectores para el tuyo tratá de no hacer COPY-PASTE a tus comentarios, al menos mostrá interés en el blog…

    sevemos

  7. Poio… Esta muy largo.. comento antes de seguir leyendo, soy nueva por aca por tu casa digital y no lo habia leido.. saludos! Nos estamos leyendo!

  8. A lo largo de mi vida he conocido algunas “Lorenas” y he de decir que al menos un par de ellas eran realmente peligrosas ;)

    Genial relato, Poio. Aunque no pase por aquí tanto como me gustaría, te sigo.

    Besos dulces

  9. Poio, como llegué sin escollos hasta el final de esta primera parte voy a continuar, pero ahora no que me estoy muriendo de sueño y hay que madrugar. Me gustó mucho el pasaje de los albañiles.

  10. Yeru: mis cuentos tienen ese problema… son muuuy largos la mayoría de ellos :S

    Dulce Locura: aunque no postees tanto como me gustaría, yo también te sigo ;-)

    Tajalápiz: mejor dormí, que si lo leés todo antes de dormir, seguro tenés pesadillas toda la noche :P

    sevemos

  11. El monito se parece a ti. Muy buen cuento, me ha gustado.

  12. Qué monito??? :S

  13. El monito que habla. Monito. MONITO.
    mOnItO.

  14. “el monito que habla”

    Como dije alguna vez: “Don Abrán, hemo’ ievado loca’…”

  15. Botón seguro lo definiría mucho mejor que yo, pero para mí…

    Monito: antepasado del hombre que no le dio bola a Darwin, pequeño de edad o estatura.

    Es decir que para vos soy un mono chiquito que habla???

  16. asi és poio estamos iguales sin postear, estoy de un vago…a ver si nos vuelven pronto las musas !!

    besos.

  17. ¡¡¡Monito!!!

  18. Monito; personita o gente con alguna caracterpistica especial que distingue de la bola.

    Monito; trabajo bien hecho, cosa fantástica.

    Tengo muchas definiciones para Monito, monito.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: