Donde hubo fuego

Los dos amigos entraron juntos a El Cuervo, el bar del que eran habitués desde hacía más de una década, se acomodaron en la barra y pidieron la primera cerveza de la noche.

-Bueno, a ver, contame que es eso que te tiene tan cara pálida.

-Puta, che. No sé ni por donde empezar; ni siquiera sé si vas a creerme. Ni siquiera yo me lo creo del todo.

-Bueno, probá, loco. Al fin y al cabo vos pagás las birras así que mis oídos son todos tuyos esta noche.

-Ok. A ver, ¿te acordás de Ángela, la minita con la que tuve una historia el año pasado? Bueno, me encontré con ella el otro día.

“Había venido para acá para ver si caía alguien o me cruzaba con algún conocido, pero no tuve suerte. Así que me tomé un birra yo solo y me fui para casa. Crucé la calle y cuando pasé por el quiosco ese que está ahí al frente se me antojó un pebete, así que paré a comprarlo. Te imaginarás mi sorpresa cuando vi que la chica que atendía era Ángela. Sí, ya sé que ella ya trabajaba allí el año pasado, pero lo que yo no estuve en Córdoba y con la cerveza que llevaba encima ni me acordé en ese momento. Además cuántas veces vinimos con vos en esta semana y no la vimos. El asunto es que cuando la vi, loco, me pegó como la primera vez. Tenía el pelo un poco más largo y la misma sonrisa melancólica de siempre, y sí, también esas tetas hermosas suyas.

“-¿No me vas a decir hola al menos? –me dijo.

“-Esteee… sí… Hola, Ángela. Tanto tiempo –dije yo.

“-Si. Hace un año que te borraste, ¿no?

“-Bueno, no me borré. Me tenía que ir. Sabías bien que venía por las vacaciones nomás, igual que ahora.

“-Como sea. ¿Vas a querer algo más?

“-No, el pebete nomás.

“Ya me estaba yendo, debería haberme ido, pero no me pude aguantar y me volví y le pregunté:

“-Ángela, ¿vas a estar toda la noche acá? No sé… digo… por ahí no sé si querés que vayamos a tomar algo. Para ponernos al tanto uno del otro… Para pedirte disculpas…

“La respuesta por suerte no se hizo esperar.

“-Salgo a las tres. Vení a esa hora.

“Eran las dos. Cómo explicarte lo que fue esperar esa hora. Si fumara te juro que me habría acabado una etiqueta yo solo. Fiel a mi costumbre llegué cinco minutos antes, y ella ya tenía todo preparado para cerrar.

“-¿A dónde vamos? –me preguntó cuando terminó.

“-Vamos al Cuervo, acá al frente. ¿Qué te parece?

“-Como quieras.

“Cruzamos la San Juan y el semáforo se puso en rojo cuando estábamos cruzando los canteros del medio. Esperábamos en silencio, las miradas fijas en la luz roja para no tener que cruzarlas con la del otro. Pero no por mucho tiempo, no podía tenerla allí al lado mío y no recorrerla una y otra vez con la vista, recordando su cuerpo desnudo y cómo nos amamos aquella vez. Me detuve unos segundos en su rostro, y como se dibujan su frente, su nariz y sus labios desde mi ángulo de visión. Entonces ella levantó la mirada y fijó sus ojos en los míos, y sin pensar en lo que hacía, la besé.

“-Perdoname –le dije. –Necesitaba saber si seguía allí.

“Ella no me respondió, pero en sus ojos cerrados, en su boca entreabierta, en la expresión de deseo que se dibujó en su rostro, me di cuenta que sí, que eso que nos había unido un año atrás seguía tan vivo como siempre.

“Entramos tomados de la mano y nos sentamos en aquella mesa de allá. Pedimos una cerveza y empezamos a contarnos todo uno al otro. Aunque hacía un año que no hablábamos parecía que nunca nos hubiésemos separado; los temas surgían uno tras otro, risas, caricias y besos copaban nuestra mesa, y te juro que en ese momento creí amarla más que a todos en mi vida.

“Las botellas vacías también empezaron a copar la mesa, y cuando me di cuenta eran ya las seis de la mañana y nos habíamos tomado otras tantas cervezas. Ya había amanecido y a esa hora quedaban tres o cuatro personas más en el bar, aparte de nosotros, y el Parca dijo que cerraban en quince minutos. Te imaginarás el pedo que tenía yo a esa hora. Bueno, ella estaba peor que yo, y cuando se puso de pie se tambaleó y se me vino encima.

“-Voy a vomitar –me dijo entre arcadas, y entonces la agarré y la llevé hasta el baño de minas para que lance ahí.

“Te puedo asegurar que es un asco ver lanzar a una mina, pero en ese momento, viéndola abrazada al inodoro, me pareció la mina más hermosa del mundo y la deseé con todas mis fuerzas.

“Cuando terminó junté agua en las manos y le di para que tome un poco y se saque ese gusto a mierda de la boca. Ella hizo gárgaras con el agua y me pidió más. Cuando le acerqué las manos con el agua embolsada, ella me las tomó entre las suyas y bebió de ahí, como una gata bebiendo su leche. Se tomó toda el agua y siguió pasándome la lengua por las palmas y los dedos, secando toda gotita que hubiese quedado. Imaginarás como me puse, ¿no? El asunto es que no me aguanté y la levanté y la puse contra la pared y empecé a meterle manos por todos lados. Ella enredó las piernas en mi cintura y se quitó la blusa mientras yo me sacaba la remera. Después, empujándose con las manos, me sentó sobre el lavabo y se bajó para sacarme los pantalones.

“Yo aproveché a ponerle traba a la puerta mientras ella me hacía un pete. Sabía que no teníamos mucho tiempo, así que la levanté, le saqué el pantalón y la monté encima mío. Cómo explicarte, che, lo que fue ese polvo. Y ahí vino lo que me puso así como me ves.

“Cuando me sentí que estaba por acabar, invertí posiciones sentándola a ella en el lavabo, y agarrándome con fuerza a este, la penetré con todas mis fuerzas y ella se apretó más fuerte contra mí y acabé una y otra vez hasta que no me quedó una gota de leche adentro. Y entonces abrí los ojos y me vi reflejado en el espejo, desnudo, bañado en sudor… y solo.

“¡Entendés lo que quiero decir! Podía sentirla todavía contra mi cuerpo, su respiración entrecortada en mi nuca, su sudor corriendo junto al mío y la pija todavía dentro de ella esperando una pronta resurrección que ya no llegaría. Podía sentir todo eso pero no podía verla reflejada en el espejo. Y ahí recuerdo que grité y me hice bruscamente para atrás y ya lo siguiente que recuerdo fue que me desperté en casa con dolor de cabeza y resaca y entonces te llamé y acá estamos, cerveza de por medio, yo contándote toda esta locura y vos pensando que realmente me debo haber vuelto loco.”

Franco acabó despacio su cerveza y miró a Luciano Bagalone, buscando las palabras adecuadas para explicarle a su amigo que había muerto. Lo que había experimentado fue una ilusión, un regalo recibido antes de dejar el mundo de los vivos y pasar al reino de los muertos. Por eso estaba él allí, para hacer que el trauma del paso no fuera tan fuerte para su antiguo amigo. Decidió que era mejor salir a dar una vuelta y contárselo por el camino. Se lo comunicó y salió a esperarlo afuera, mientras Bagalone pagaba las cervezas. Pero Bagalone no salió nunca, y cuando él entró a buscarlo no había rastros de él por ningún lado.

Y es que Bagalone no tiene un vida real, y el que no vive, tampoco muere. Así lo entendió Ángela en otro mundo y otro tiempo, pero en la misma esquina de Trejo y San Juan, cuando creyó verlo días atrás aplastado por las ruedas de un colectivo de Ciudad de Córdoba, el mismo que él solía tomar para viajar a su casa en Salsipuedes.

Tampoco allí hallaron ningún cuerpo.

Published in: on 11 julio 2008 at 0:31  Comments (19)  

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19 comentariosDeja un comentario

  1. Ya te hacías de rogar…
    Me gusta mucho!

  2. Una historia muy interesante, me dejo sin palabras
    Un besote

  3. tendremos un regalo antes de partir ?? me quedaste pensando… el final me encanto ¡¡
    a ver si nos regalas cuentos asi a menudo…

    besos poio.

  4. Está bien llevada, pero (si me permites un poco de crítica) no entiendo el párrafo final, ni la frase final. No sé porqué tiene el narrador que lanzarse en explicaciones que el lector ya entendió. Y que no le aportan nada a la historia. Lo que tiene de interesante, fuera del paso de vida a muerte, es el que Franco entre y no encuentre a Bagalone, lo cual añade al misterio porque abre una nueva dimensión.
    Y gracias por tus visitas regulares a Tajalápiz. Es algo que aprecio.

  5. Fanou: gracias. Que a vos te guste es todo un halago para mí.

    Lumínicus: te con miel y limón. Lo mejor para recuperar la voz :P

    Nara: esperemos que las voces dentro de mi cabeza esta vez no estén tanto tiempo calladas.

    Tajalápiz: no sé si leíste algo de Baga ya, pero todas sus historias son así, medio que sin sentido. Además es así como me lo contaron, yo sólo lo pasé por escrito.

    sevemos

  6. No te mueras Poio, si lo haces ¿A quien otro voy a incordiar. . . ?
    Me gustó mucho. Bastante bueno chico.

  7. No te puedes morir antes de nuestro viaje a Santa Marta. Mira que no lo he olvidado. Además, te tengo que emparrandar en Medellín.

    Me encantó la historia. Muy tuya.

  8. Poio! me encantó este cuento! Ya extrañaba a Bagalone, sabés que me encantan sus historias
    Besos!

  9. Mena y Cata: yo no voy a morirme… tengo mal para hacer durante largo rato todavía :P

    Luna: cada tanto vuelve. No sé si para bien o para mal.

    sevemos

  10. Para mal. Siempre para mal

  11. el te con limos me da nauseas amigo.
    un caramelito de propoleo, no sera mejor?

  12. jajajajajj estoy muy torpe, era té con limón

  13. Negro: ya me van a tener en diciembre de nuevo por allá. Y quien te dice que por una laaarga temporada también.

    Lumínicus: yo odio el te directamente, con o sin limón. Pero el propoleo tampoco me gusta, sí que dejémoslo como estaba, si???

    sevemos

  14. DIOS! Que historia mas buena!!!!!!! Excelenteeeeeee… me encanto… Aunque estuvo un poquito bastante descriptivo ese momento… deja todo al descubierto… Me gusto… Tenia rato sin comentar por aca. siempre te leo ok? Bye.

  15. Oh, dios mío. Estamos perdidos…

  16. Yeru: gracias :D La idea era crear el clímax para el desenlace, y una buena revolcada es la herramienta ideal para lograr un buen clímax ;-)

    Negro: se soltó LCCT??? No creo que sea tan grave…

    sevemos

  17. Una sola palabra, mencanto.

  18. Muy interesante, soy nuevito por acá pero creo que me vas a ver seguido. Te felicito, nos estamos leyendo.

  19. che que loco…


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