Historia de un Círculo y un Cuadrado

En la página de un libro de geometría que había firmado Comberousse se encontraban un Cuadrado y un Círculo. Como el libro era poco consultado, los dos se aburrían y generalmente disputaban.

-Yo soy más grande –decía el primero-, pues un círculo es un cuadrado cuyos ángulos han sido recortados.

-Es todo lo contrario justamente –replicaba el segundo-, pues un círculo es un cuadrado en el cual se ha soplado y así se ha hinchado.

Como no podían ponerse de acuerdo sobre la superficie, pasaron a hablar de la belleza.

-Yo soy el símbolo de la solidez –decía el Cuadrado. –La igualdad de mis cuatro lados y sobre todo mis ángulos, mis ángulos de ochenta grados (este cuadrado no era muy sabio), confieren a mi figura una armonía vigorosa y segura.

El Círculo respondía:

-En la solidez que tanto alabas, no veo sino vulgaridad. Tu vigor primario no me seduce nada. Te considero como una medida de superficie y nada más. En cuanto a mí, de todas las curvas soy la que mejor está hecha. Los astros adoptaron mi contorno, los artistas siempre recurrieron a mi curvatura y los hombres andan alrededor de mí pues, como sabes muy bien, nada conmueve tanto su carne como el orgulloso hemisferio de un trasero o seno femenino. En lo que se refiere a utilidad –prosiguió-, mi superioridad en este dominio es absolutamente segura. Soy la rueda, y habría que ser loco, convendrás en ello, para no admitir que la rueda lo es todo.

-Si no es todo, es sin embargo mucho –reconoció el Cuadrado-, pero yo presto también algunos servicios. Soy la base, créeme, de los edificios más durables.

El Círculo se encogió de arco.

-Tu eres estático y lo que no se mueve muere, así lo señalan las estadísticas. Yo soy movimiento y en ese terreno soy irremplazable. Si las ruedas de las carretas fueran cuadradas, creo en verdad que sería difícil hacerlas avanzar.

Y así reñían durante días enteros. Nadie se atrevía a ponerlos de acuerdo; habría sido un problema tan arduo y vano como la cuadratura del círculo.

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Published in: on 8 junio 2008 at 11:21  Comments (16)  

La ley de Murphy

La Ley de Murphy es una forma de explicar los infortunios de todo tipo de ámbitos, que a grandes rasgos se basa en la frase “Si algo puede salir mal, saldrá mal” (“If anything can go wrong, it will”), y se puede utilizar en todo tipo de situación, desde la vida cotidiana, hasta las situaciones más importantes.

En el número del 3 de marzo de 1978 de ‘The Desert Wings‘ se recoge la versión más contrastada, según la cual, la famosa máxima nació en la Base de Edwards de la USAF en 1949. Fue acuñada a raíz del trabajo del capitán Edward A. Murphy, un ingeniero que trabajaba en el proyecto MX981, que pretendía cuantificar la deceleración que podría soportar una persona en caso de accidente. Un día, revisando una de las pruebas, encontró un transductor mal conectado y, refiriéndose al técnico responsable, sentenció: If there is any way to do it wrong, he’ll find it (Si existe alguna manera de hacerlo mal, él la encontrará). El Jefe de Proyecto, que mantenía una lista de “Leyes” cachondas, incluyó esta frase como Ley de Murphy. Poco después, el Doctor John Paul Stapp, mencionaba su firme creencia en la Ley de Murphy y en la necesidad de evitarla, como uno de sus acicates en la consecución de un nuevo record con 40 G en una de estas pruebas de deceleración. Los fabricantes de la industria aeroespacial la utilizaron con profusión en publicaciones y revistas especializadas los meses siguientes. Después de esto comenzaron a proliferar otras leyes como las de Nichols, debidas a George E. Nichols, jefe de proyecto en Northrop. La cuarta ley de Nichols dice: Avoid any action with an unacceptable outcome (Evite cualquier acción con un resultado inaceptable). El propio Doctor John P. Stapp acuñó la que se conoce como la paradoja irónica de Stapp, que dice: The universal aptitude for ineptitude makes any human accomplishment an incredible miracle (La aptitud universal para la ineptitud hace cualquier logro humano un milagro increíble).

La ley de Murphy y sus corolarios dieron lugar a cientos de nuevas leyes aplicables a todo tipo de situaciones laborales, sociales y familiares. A continuación tan sólo algunas de ellas:

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Published in: on 2 mayo 2008 at 1:13  Comments (17)  

Los premios Ig Nobel

Hace unos días Carabiru subió un post donde daba a conocer una estúpida investigación científica que demostraba que le cerebro humano no está capacitado para ser feliz. Ese post me hizo recordar los premios Ig Nobel, una parodia de los premio Nobel que suele resolverse en las mismas fechas que los premios originales, aproximadamente en el mes de octubre. Están organizados por la revista de humor científica Annals of Improbable Research (AIR), y co-patrocinados por varias sociedades que ostentan la palabra Harvard en su denominación, como The Harvard Computer Society o The Harvard-Radcliffe Society of Physics Students. La gala de entrega se realiza en el Sanders Theatre, de la Universidad de Harvard.

Su aceptación y popularidad desde su institución en 1991 es creciente con el paso del tiempo. Estos premios galardonan los logros de investigaciones que primero pueden provocar risas, pero después hacen que las personas piensen. Los premios pretenden celebrar lo inusual, honrar lo imaginativo y estimular el interés de todos por la ciencia, la medicina, y la tecnología.

Según sus organizadores, los premios se establecieron como homenaje a Ignacious Nobel, el ficticio inventor de la soda pop. En idioma inglés Ig Nobel se pronuncia igual que ignoble, que significa “innoble”, de ahí el nombre.

Los premios Ig Nobel se entregan en varias categorías. Las más comunes son: Paz, Medicina, Química, Física, Economía, Biología, Literatura y Matemática, aunque año a año cambian. A continuación una lista de las para mí más divertidas e inútiles investigaciones premiadas en algunas categorías:

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Published in: on 23 abril 2008 at 11:27  Comments (9)  

La difícil tarea de pensar

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1.908, contaba la siguiente anécdota:

Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que éste afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada.

Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leí la pregunta del examen y decía: “Demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barométro.” El estudiante había respondido: “Llevo el barómetro a la azotea del edificio y le ato una cuerda muy larga. Lo descuelgo hasta la base del edificio, marco y mido. La longitud de la cuerda es igual a la altura del edificio.”

Realmente el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamnete. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudio, obtener una nota más alta, y así certificar su alto nivel en física, pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.
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Published in: on 12 noviembre 2007 at 22:02  Comments (16)